Se trata esta vez de un colegio de bachillerato mixto del norte del Valle, en el plan pero donde el acento ya es un poco paisa. La pequeña población es inesperadamente blanca, silenciosa, limpia, tranquila y segura. Las bicicletas se dejan en la calle y las puertas permanecen abiertas. El único preso se trasteo él mismo a la cárcel mas ocupada de una población vecina, y en los últimos siete años solo un asesinato casi que pasional, que no lo son del todo. La funeraria se tiene que ayudar vendiendo deliciosos pandebonos. Además es bonita: su rigurosa traza de amplias y rectas calles bien pavimentadas y con amplios aleros, que rematan todas en empinadas y cercanas lomas o en paramentos que la confinan, ha sido escasamente alterada solo por unos pocos ejemplos recordatorios de un narcotráfico que no sólo le ha dejado al país violencia y corrupción sino también mal gusto. Como si no fueran suficientes los emblemáticos desatinos del ...