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Vergüenza. 23.03.2000


Se trata esta vez de un colegio de bachillerato mixto del norte del Valle, en el plan pero donde el acento ya es un poco paisa. La pequeña población es inesperadamente blanca, silenciosa, limpia, tranquila y segura. Las bicicletas se dejan en la calle y las puertas permanecen abiertas. El único preso se trasteo él mismo a la cárcel mas ocupada de una población vecina, y en los últimos siete años solo un asesinato casi que pasional, que no lo son del todo. La funeraria se tiene que ayudar vendiendo deliciosos pandebonos. Además es bonita: su rigurosa traza de amplias y rectas calles bien pavimentadas y con amplios aleros, que rematan todas en empinadas y cercanas lomas o en paramentos que la confinan, ha sido escasamente alterada solo por unos pocos ejemplos recordatorios de un narcotráfico que no sólo le ha dejado al país violencia y corrupción sino también mal gusto.
          Como si no fueran suficientes los emblemáticos desatinos del Estado Colombiano -que con las sedes de Telecom, la Caja Agraria y los puestos de policía ha estropeado sistemáticamente la belleza sencilla de los pueblos del país, hasta el punto de que su "presencia" es casi tan nefasta como su ausencia- hace unas décadas el Departamento del Valle construyó el colegio mas horrible, incomodo e inseguro que imaginar se pueda, con el agravante de que los temblores lo dañan pero no lo tumban. Difícilmente se puede enseñar y aprender algo allí. Pobres muchachas y muchachos sometidos en su época más bella a tanta fealdad a tanto ruido a tanto desperdicio a tanto despropósito todos los días. Pobres profesores que ya no deben ni ver y no solo por la carcoma que desde quien sabe cuando les cae encima sino y sobre todo por la fealdad que los cerca. Laberinto sin gracia, no tiene espacios libres sino huecos sobrantes. Es indignante: en este tugurio tugurizado las mejoras son "peoras".
          Dicen que lo construyeron al revés. Lo cierto es que fue realizado con la complicidad de esos ingenieros mal pagados, que se limitan irresponsablemente a calcular lo que no se debería construir, por contratistas avivatos y serrucheros sin alma ni gusto pero dispuestos a pagar peaje. Su arquitectura de arquitecto vendido (con título o sin el) es la vulgarización torpemente formalista y empobrecedora a ultranza de la arquitectura moderna. Es el kitsch, el mal gusto y el despropó­sito que pasa por innovación. Allí el mal gusto golpea insoportablemente. Dan ganas de salir corriendo: la estupidez puede ser contagiosa. Es esa falsa creatividad que se estimula en la mayoría de las más de 30 escuelas de arquitectura que pululan en el país ante la indiferencia de las pocas buenas que no se dan cuenta de la enorme responsabilidad que tienen por eso mismo de ser no solo excelentes sino también críticas.
          ¿Que pensaba el Secretario de Educación que autorizó ese espantoso despropósito y el Gobernador de turno que a lo mejor ni siquiera se enteró? ¿Y el Alcalde? ¿Y los concejales? ¿Y la gente? Junto con la economía y la justicia informales, ha habido en el país terreno fértil para el gusto informal: el mal gusto por definición. Si hay algo que distinga a Colombia es, junto con la violencia, su mal gusto endémico: el mal gusto es el gusto oficial. Como una plaga bíblica campea por campos y ciudades. Hasta hace poco nuestro entorno y nuestras ciudades y edificios eran bellos como insisten en demostrarlo, además de los paisajes que se han salvado, Cartagena, Mompox, Santafé de Antioquia, Popayán, Girón, Barichara, Salamina y Villa de Leyva (pese a su “Guatavitismo”). San Felipe, el Capitolio, la maravillosa Torre Mudéjar. O, ya en el siglo XX, la Aduana de Barranquilla, el Club Cartagena, el Palacio Municipal de Medellín  y El Palacio Nacional de Cali entre otros. Inclusive no poca arquitectura moderna y reciente. Vale, pues, entre nosotros, la afirmación que Ortega y Gasset hiciera en Europa hace 60 años justo a las puertas del fascismo: "Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone donde quiera”.

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