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Peñalosa, alcalde. 09.03.2000


Como dice Antonio Caballero de los presidentes colombianos, desde hace unos años los alcaldes de Cali son cada uno peor que su antecesor. La ciudad urge uno bueno.
         
          Uno que prohíba pitar por todo y para todo; que castigue duramente a los choferes cuando se pasen el semáforo en rojo; que baje los carros de los andenes; que recupere éstos para los peatones y que a estos los discipline para que sólo crucen las calles por las esquinas.
          Que restrinja la circulación de carros particulares por el centro de la ciudad.
          Que suspenda la rumba desenfrenada y escandalosa después de las 12 de la noche y que silencie la ciudad el resto del día.
          Que la limpie.
          Que se ocupe seriamente del transporte masivo y que realmente haga algo por la seguridad de sus ciudadanos.
          Que no deje invadir los antejardines y mucho menos construirlos. Pero que construya parques, colegios y bibliotecas.
          Que elimine para siempre los pasacalles y propagandas que tapan los cielos y cerros de la ciudad.
          Que haga verdaderos monumentos con artistas verdaderos y de bronce de verdad.
          Que recupere los espacios públicos de la ciudad y promueva concursos de arquitectura para sus diseños y licitaciones limpias para su construcción.
          Que, sobre todo, instaure una reglamentación urbana lógica, sencilla y taxativa.
          En pocas palabras que tenga una idea clara y culta de lo que es una ciudad y la honradez y valor civil para realizarla.
         
Enrique Peñalosa no podrá ser reelegido en Bogotá por que lo impiden las leyes vigentes (ideadas por los politiqueros para poder turnarse en el despojo del erario en beneficio propio) pero sí puede ser alcalde de Cali: solo tendría que vivir un par de años en la ciudad. Mientras tanto hay que buscar alguien en ella que, como Castro y Mockus lo hicieron en Bogotá, organice sus finanzas públicas aunque no pueda hacer nada más. Al fin y al cabo esto sería preferible a las "obras" emprendidas en Cali por sus últimos alcaldes o las que (afortunadamente) no pudieron llevar a cabo por que ya no tuvieron con qué. Como la triste "remodelación" de la Avenida Sexta, en el primer caso, que además de errada quedó incompleta, o la ampliación a medias de la Avenida de Circunvalación, que provocará la destrucción del Parque del Acueducto, en el segundo.
          Cali no resiste más improvisaciones: precisa urgentemente un alcalde preparado para serlo. Alguien que pueda presentarles a los caleños el proyecto coherente de una verdadera ciudad pues peligrosamente se están acostumbrando a no tenerla. ¿Como explicar de otra manera su indiferencia ante la demolición de dos de las últimas manzanas de lo que hasta hace poco todavía fue su centro histórico? Dos millones de habitantes sin ciudad es, sin mayores dudas, una verdadera bomba de tiempo.
          Si a Peñalosa no le interesa ser alcalde de Cali (se preparó varios años para serlo de Bogotá) al menos con su ejemplo será más fácil buscar uno realmente bueno para la ciudad; alguien que no prometa promesas para ignorantes sino uno que demuestre su preparación (y la de su equipo de trabajo) y convenza a los electores con sus propósitos. Y, desde ya, buscar que su reelección sea posible: si la merece.

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