Como lo han afirmado algunos vecinos de San Antonio, este evento no tiene tradición en el barrio. Pero también es cierto que todas las tradiciones comienzan algún día. Por eso no tiene sentido prohibirlo ni tampoco hacerlo a la brava. Toca, pues, comenzar de nuevo proponiéndole a la comunidad un evento que no beneficie a unos en detrimento de la tranquilidad de otros. Algo que si bien interese directamente a algunos económicamente, también beneficie indirectamente a una amplia mayoría, por su aspecto lúdico, pero que, sobre todo, no perjudique a nadie. Lo más complicado es resolver el problema del estacionamiento de visitantes y compradores. Es inadmisible que se impida el acceso a los garajes de la zona, aun cuando sea por una sola tarde al año, sin contar con el consentimiento de sus usuarios. Tiene que ser un evento eminentemente peatonal. Y muy organizado. Tiene que ser también limpio: aun quedan los restos de las exageradas...