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El punto y la coma. 16.12.1998


Es tan pequeña la vírgula de la coma en la tipografía moderna que, evidentemente, lo que permite diferenciarla del punto es que la coma está seguida de una minúscula, en tanto que el punto lo está de una mayúscula. Es decir, que se podría eliminar la coma. No la puntuación, sino simplificar su símbolo. Sería como el punto y aparte, que se sabe que es aparte pues ¡no esta seguido de nada!  Eliminar una tecla en millones de teclados significaría un ahorro considerable de energía en su producción y uso. Vale la pena, y se hará en algún tiempo. Como sucedió con el sistema decimal, en el que el valor de un número depende de su posición a la izquierda o derecha del punto (o la coma, opción inútil en este caso, que de paso se eliminaría) que reemplazó, junto con los mas sencillos números arábicos, al engorroso sistema de numeración y números romanos, haciendo posible el desarrollo de las matemáticas por los Árabes que, precisamente, inventaron -o descubrieron- el algebra. Igual pasó en la música con las cuerdas, que pasaron en el siglo XIX a ser apenas cuatro e interpretadas por solo tres instrumentos, pues el segundo violín es igual al primero y ni siquiera esta afinado distinto. Solo con el simplificado y racionalizado sistema binario (uno o cero) que usan los computadores es posible la vida, o por lo menos tal como es hoy. Pero la simplificación y racionalización también pueden significar mejor calidad de vida, y eso es más importante.
          Mejor calidad de vida que, en las ciudades, significa no solo mejores viviendas sino, sobre todo, mejores espacios públicos y mejores condiciones para su uso. El transito en Cali, y en general en el país, seria mejor si se emplearan las reglas y señalización europeas, mucho mas sencillas y racionales, que el híbrido que se usa actualmente. Para cada caso parece haber una norma y en consecuencia no se señalan simplemente las excepciones, por que todos los casos los son. Así, hay que señalarlo todo, meta que satisface por igual el horror por lo vacío y el gusto por los contratos que tienen las administraciones municipales locales, que no pierden tiempo en llenar la ciudad cada tres años de señales de transito (cada una con su propio soporte) en donde ya existen, pues, curiosamente, no se ponen en donde sí hacen falta.
          Por su parte, los espacios públicos, y la vida misma, serían mucho mejores en Cali si su reglamento urbano fuera sencillo, racional y permanente. Como el de muchas ciudades, que se publica completo en una pagina del periódico local, como en efecto se hace en Edimburgo, por ejemplo, para que todos sus ciudadanos sepan a que atenerse y cuales han sido las pocas modificaciones que se han hecho para actualizarlo y mejorarlo. Si algo genera violencia en las ciudades colombianas es el cambio permanente de usos del suelo. No existen alturas ni paramentos uniformes, por sectores, barrios o calles, sin los cuales es imposible tener espacios urbanos al menos ordenados. Y si hay algo que se preste mas a la interpretación, y por tanto a la corrupción, es una legislación larga y ambigua. Como pasa en Cali...y en Colombia, pues ¿que otra cosa es la Constitución del 91, la mas extensa del mundo, pero que ya hay que reformar?
          En los años 30 y 40 la Bauhaus, uno de los cimientos del diseño moderno, eliminó las mayúsculas en sus textos. Si existe el punto ¿para que la mayúscula después? Se eliminaban 32 posibilidades (todas las mayúsculas) pero se hubiera ahorrado tan solo una tecla o si mucho dos, (los teclados las tienen a lado y lado). Por eso esta iniciativa fracasó, como fracasó el esperanto y la ciudad moderna, o al menos su vulgarización, que es lo que se hace aun en Cali. Quedaron algunos libros en esperanto y la posibilidad, eso si,  de hacer bellos títulos en solo minúsculas. Y muchos edificios modernos en el mundo, cuya arquitectura terminó recientemente por reconciliarse con la transformada ciudad tradicional, al no tratar ya de eliminarla, lo que sería un error similar al de eliminar la coma y no solamente simplificar su símbolo. Error, por supuesto, fácil de seguir cometiendo en Cali en donde ya prácticamente no queda ciudad tradicional.


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