Después de treinta mil años de existir como especie, ya somos siete mil millones. Crecemos a un ritmo de cien millones por año, más que Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá juntos, y la mayoría en ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Caracas, Quito o Panamá. Todos tendremos que vivir en ellas, o al menos en poblaciones menores, y con una economía periódicamente en crisis, basada en que cada vez haya más consumidores y que consuman más sin importar el agotamiento de los recursos no renovables, ni los desperdicios y contaminación que genera (A. Leornard, La historia de las cosas , 2010). En conclusión, el exceso de población, consumo y contaminación, que amplifica el impacto de terremotos, tsunamis o inviernos, está acabando con el planeta. Pero muchos escogen no enterarse o simplemente lo ignoran. No se percatan de que antes de que lleguemos a nueve mil mill...