Poco a poco sólo va quedando su fachada, pues cada vez se demuele mas su interior, y bastante transformada ya que la ventanería, que era perfectamente recuperable, desapareció. Y para rematar ahora se están poniendo unas rejas de hierro que nada tienen que ver con el edificio ni con su nueva utilización y cuyo mal gusto salta a la vista, igual que el amarillo verdoso que se le está dando a sus muros, que lo hará ver no viejo ni mucho menos antiguo sino avejentado. En resumen, lo que va quedando del colegio de la Sagrada Familia en el parque de El Peñón, es una máscara pero no tanto por su apariencia (la verdad es que nunca fue muy agraciado) sino porque pretende ocultar el vandalismo cultural contra el patrimonio construido, que no sólo no ha disminuido sino aumentado desde la demolición generalizada que se hizo en esta ciudad con motivo de los VI Juegos Panamericanos de 1971 disque para “cambiarle la cara” cuando la que tenia era bastante bonita y...