Leyendo Agua por todas partes, 2019, de Leonardo Padura, se puede entender claramente para qué se hace un proyecto arquitectónico y su importancia para la ciudad en la que se emplaza. Casi basta con cambiar novela por arquitectura y La Habana por alguna de las ciudades del trópico hispanoamericano. Y lo mismo que el escritor al terminar su trabajo, el (buen) arquitecto ya no será el mismo que al empezarlo, y se abrirá al mundo más allá de su arquitectura local (p. 257) o por lo contrario la descubrirá, hay que agregar. Ya se sabe que la esencia de la arquitectura es la creación, la que radica en la potencialidad creativa del arquitecto. Para crear se debe poseer imaginación, pero ¿cómo se las arregla un arquitecto (la mayoría) que no este dotado especialmente? El método resulta tan sencillo como devastador: acercarse a la realidad ya existente, presente o pasada, cercana o distante, y conocerla. Moverse por la historia y la geografía de territorios ajenos y leer libros, y (an...