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3.El túnel. 10.02.1999


Quizás el Congreso de Cúcuta de 1821 se equivocó al pensar que lo que se necesitaba para aglutinar la nueva República era una nueva capital y no una carretera que uniera las que ya existían desde mucho antes. Por lo demás podría también llevar el nombre "del Libertador Bolívar" que escogieron desde el principio para la nueva ciudad. El hecho es que para ir de Caracas o Bogotá a Quito, o viceversa, no hay mas remedio que pasar por La Línea. Vencer su paso debería ser un propósito multinacional. En lugar de comprar costosos (pero anticuados) aviones, buques y submarinos de combate para amenazarse mutuamente, estos países deberían invertir allí. Es mejor el comercio que la guerra, como finalmente lo descubrieron en Europa después de muchas guerras. Ejemplo que se apresuraron a seguir los países (sería mejor decir, las ciudades) que conforman Mercosur. Lo mismo podría decirse del Pacto Andino, pero sin transporte terrestre económico no hay pacto que valga, y el de Colombia es uno de los más caros del mundo. Además, considerando la difícil topografía que separa estos países y sus diferentes regiones entre sí, son más costosos los ferrocarriles por lo que no queda más remedio que construir excelentes carreteras.
          Por supuesto, este tipo de proyectos, que en otras partes serían adelantados por el estado y la empresa privada, aquí tendrían que serlo solo por esta última, y con la participación de capitales multinacionales, por la simple razón de que a nuestros políticos no les interesan por que acabarían con sus electorados cautivos e ignorantes, en la medida en que la integración no solo permite el comercio sino también las transculturaciones, que son la base de una verdadera educación. Tener una autopista entre Caracas y Quito sería ejemplar para estos países. Tal vez en pocos años se podría viajar con placer, rapidez y seguridad entre ellos. Serían vías hacia otras personas y paisajes. Hacia otras variaciones de nuestra común cultura y pasado. Ya nadie entendería para que comprar costosos submarinos, buques y aviones de combate para amenazarse mutuamente en lugar de invertir en mejorar las comunicaciones entre nuestros "pueblos hermanos" como dicen permanentemente pero con cinismo, o por lo menos con superficialidad, los políticos nacionalistas de todos ellos. Subir y bajar La línea está justo en el centro de toda esta problemática que precisamente se comenzaría a resolver con un túnel, como se ha insistido periódicamente a lo largo de muchos años.
          Pero el Túnel de la Línea, del que se dice acortaría el trayecto Bogotá-Buenaventura en una hora y media, no es suficiente. Habría que construir una doble calzada, con sus respectivas bermas, pues la solución de un tercer carril para el trafico pesado es a medias en la medida en que tendría que ser prácticamente continuo, y tanto para los que suben como para los que bajan, es decir, cuatro carriles; los que, considerando la topografía, es mucho más fácil tenerlos separados. Además serán necesarios otros túneles y numerosos viaductos y por supuesto esta verdadera autopista no podrá pasar por Cajamarca, en donde la carretera actual es a la vez la calle principal de la población, de la que sale su famoso puente, construido a mediados del siglo y uno de los más largos y altos del país, que pasaría, junto con la vieja carretera, a ser una ruta secundaria y turística para recorrer lo que debería ser el Parque Nacional de La Línea, con sus palmas de cera a las que desde ya hay que proteger. También habría que reglamentar los usos del suelo a lo largo de las nuevas calzadas para evitar su inmediata tugurización, y dotarlas de todos los servicios que requiere una vía de estas características, incluyendo la Policía Vial. ¿Utópico? Lamentablemente si. Pero hay que preguntar de nuevo ¿por que en este país no se puede tener una verdadera autopista? Al menos se debería diseñar un plan maestro que guíe las inversiones en la carretera actual, comenzando, claro esta, por el Túnel de La Línea. Salir del subdesarrollo no es solamente un problema de recursos; también lo es de propósitos.

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