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¡Carajo, no pite!. 11.08.1999


Hay que insistir: hay muchas iniciativas que habría que hacer realidad en Cali para que la vida aquí fuera más grata y digna. Pero demandan cuantiosas inversiones y muchos estudios. Por eso se hacen incompletas o mal o no se realizan. Pero hay otras que no requieren prácticamente ninguna inversión ni estudio. Pero no les paran bolas por que ni las autoridades ni los ciudadanos que las eligen son conscientes de su importancia. Carecen a mano de ciudades de verdad para poder compararlas con la suya. Cali esta cada vez más lejos de Cartagena y hasta de Popayán. De Caracas o Quito. Y ni se diga de París o Barcelona. Ignoran lo que es una ciudad grata y digna; o piensan, como personas aun colonizadas, que eso solo es posible en el extranjero, al que detestan pero al que muchos (70% según una última encuesta) quisieran irse, vencidos por el miedo o buscando, es su derecho, otra oportunidad, pero renunciado entretanto a transformar su propia y única realidad.
          Cali hace años no es la Capital Deportiva de América, ahora solo es la capital de la fealdad, el desorden, la inseguridad, el mugre y el ruido. Las fiestas que tienen que soportar los vecinos cada fin de semana ante la inutilidad de la ley zanahoria. Los aparatos de sonido que se ponen a todo volumen para que los demás se enteren (como si les importara) de su potencia y de sus preferencias musicales. Se quitan los silenciadores de las motocicletas ante la indiferencia de las autoridades. Los guardias creen que agilizan el trafico pitando como energúmenos. Y ni se diga de las ambulancias que lo que ganan en rapidez lo pierden con el estrés que causan. Pero lo peor son los pitos de los carros.
          En los países civilizados el pito solo se usa para  emergencias. Su uso innecesario es castigado con fuertes multas. Pero aquí se pita por todo y para todo. De día y de noche. Elegantes señoras y señores que pitan como patanes para que les habrán el garaje. Enamorados que lo hacen para recoger novias que se dejan pitar. Choferes que recogen patrones encorbatados. Los buses de colegio para llamar niños retrasados. Los que recogen la basura y los que reparten el gas así usen campanas. Se pita para celebrar las victorias de los equipos de fútbol o lo que sea. Pitan con afán los conductores instantes después de que cambia el semáforo, y con rabia cuando alguien se atreve a cruzar enfrente de ellos así haya el espacio suficiente y hecho las señales reglamentarias. Todos pitan inútilmente cuando el trafico se detiene por escasos segundos. Pitan los buses que no respetan nada todo el tiempo. Y los camiones que inexplicablemente todavía cruzan todos los días la ciudad en horas pico. Pitan los caleños (tan pueblerinos) para saludarse de un carro a otro. Para que las bellas sardinas volteen a mirar, cosa que, lastima, pero muy bien, no hacen. Pitan con estruendosos pitos de aire las chivas turísticas tratando de convencer a los escasos y estrambóticos extranjeros y ejecutivos que, lejos de casa, se prestan para eso, que el camino a la felicidad es el ruido y la borrachera que muchos confunden en el país con Cali. ¡Que vergüenza! Aquí se ha tratado de inculcar que la alegría que no se tiene o se siente se puede reemplazar con el alboroto. Menos mal (y por esto también es bueno comparase con otros) que a diferencia de Cartagena los taxistas no pitan para ofrecer sus servicios, ni todos pitan en las esquinas como en Popayán.
          Pero secuestrados cada vez más en esta ciudad, de la que no todos se pueden o quieren ir, se debería de tratar de devolverle al menos su silencio (que lo tuvo antes) indispensable para una convivencia grata y digna. Debería ser un programa del gobierno municipal el crear la conciencia entre los ciudadanos de que el espacio urbano de la ciudad, especialmente el público, debe ser silencioso. El problema es que esto no representa contratos para repartir.
          Los que no nos hemos resignado a la realidad que nos tocó ni queremos huir de ella deberíamos pedir todos juntos: bella dama, distinguido caballero, preciosa señorita, impetuoso joven, abnegado chofer de bus, señor taxista, señor policía...¡carajo no piten más!

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