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Semáforos "coloniales". 23.09.1998

Pronto habrá una nuevo motivo para ir a Popayán: se instalarán semáforos con "forma de farol colonial ". Únicos en el mundo, sin duda. Como única en el mundo es semejante ridiculez. Desde luego los carros son molestos en el centro histórico, principalmente por el ruido. Pero simplemente habría que sacar el transito principal del centro, reducir las calzadas de sus anchas calles, aumentar sus estrechos andenes, restringir la circulación automotor (de acuerdo con los días y las horas y los lugares) prohibir pitar y pedir que la gente vuelva a caminar. Como en cualquier centro histórico. Especialmente, en uno tan pequeño que podría ser peatonalizado del todo, comenzando por el Parque de Caldas. Proponer que se usen bicicletas y victorias (como en Palmira o Cartagena...o Ámsterdam) es por supuesto pedir demasiado.
          Pero no. Todo esto es demasiado sencillo, barato y bonito para un alcalde que necesita un costoso estudio para enterarse de que los semáforos se utilizan para regular los cruces de los carros con otros carros y con los peatones. Hay que inventarse, entonces, unos semáforos con forma de "faroles coloniales" y comenzar a tugurizar de nuevo las calles de Popayán. Seguirán los postes, los cables, los trasformadores, los avisos, las propagandas y las casetas -todos "coloniales" claro está- que comenzarán a tapar nuevamente los blancos paramentos y aleros que se recuperaron después del terremoto. Las muchas casas, claustros e iglesias, restaurados con acierto, ya no podrán contar con sus calles tradicionales. Es dejar que el desorden y el mal gusto de la ciudad actual se apodere nuevamente del viejo y bello centro. Habrá un nuevo motivo para ir a Popayán pero se perderán los otros. Ya no habrá necesidad de tentar a la guerrilla para llevar los visitantes hasta allá los domingos. Solo lo harán los amantes del circo barato. Y eso: en Cali lo tienen en casa, pues aquí, por ejemplo, en lugar de poner mas semáforos, como corresponde a una ciudad "moderna", se los quita.
          La destrucción del patrimonio urbano y arquitectónico, solo explicable por la codicia, la corrupción y la ignorancia, es una forma de violencia, acentuada, lamentablemente, en el sur-occidente colombiano. Olvidar la clara vocación turística, cultural y universitaria de Popayán, basada en sus tradiciones y patrimonio urbano y arquitectónico, que representan una ventaja económica  y social nada despreciable, es inaudito. Pero evitar la desaparición del patrimonio requiere tanto su conocimiento y conservación como garantizar su continuidad histórica. Para ello se debe incorporar al presente y no sólo inscribirse en un supuesto pasado ideal. No se reduce a asuntos solamente técnicos de la restauración, sino que implica su valoración crítica y su revitalización y  adaptación al presente. Modernidad que no es, desde luego, llegar pitando con los carros particulares a cualquier sitio a donde se vaya. Eso es la barbarie.
          Como escribió Theodor W. Adorno: "En cuanto una tradición cultural no está ya recorrida por una energía sustancial y de vasto alcance sino que se la invoca porque es bonito contar con una tradición, lo que pudiera quedar de ella se disuelve para poder llegar a ese fin.  Quien piense que lo originario se deja establecer partiendo de la voluntad, incurre en un romanticismo sin esperanzas y la modernización del pasado viola y daña ese originario; pero si quisiéramos renunciar radicalmente a la posibilidad de experimentar lo tradicional, por un exceso de fidelidad a la cultura, nos entregaríamos a la barbarie.  El hecho de que, obremos como obremos, nos equivocamos, revela por doquier que el mundo se ha salido de madre."
            Popayán se va a salir de madre. Los que piensan que el terremoto la destruyó se equivocan: la comenzaran a destruir los semáforos, más por su forma falsa de farol colonial, que no los hubo allí antes, que por semáforos. El costoso estudio ha debido ser para saber como resolver el problema de los carros sin afectar aun más el centro histórico.

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