Observa el escritor español Jesús Greus, en Así vivían en Al-Ándalus, 1988, que en sus ciudades “el ambiente callejero era bullicioso y pintoresco. A todas horas del día circulaba por la calle una atareada u ociosa que acudía a los zocos, se ponían a la venta esclavos, libros, tapices, especias, cereales, frutas exóticas. Había barberos que afeitaban en cualquier esquina, vendedores de fritangas, aguadores, herbolarios que preparaban ungüentos, asnos cargados de forraje, bereberes que bajan de los montes para vender hortalizas. Entre el hormigueo incesante de la multitud pululaban mendigos, ciegos con su lazarillo, equilibristas, faquires, encantadores de serpientes, narradores de cuentos, astrólogos […] Alejados de los céntricos mercados de la medina y de los populosos bazares, los barrios exteriores ofrecían a sus residentes un ambiente silencioso y recogido” (p. 16). En general, como dice Greus (p. 7) era difícil saber por la fachada de las casas la condición social de sus due...