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Vivir en casa. 07.12.2022

 Si se piensa que morir en casa es de lejos mucho mejor que en cualquier otra parte, se debería concluir que vivir en casa es mejor que hacerlo en otra parte cualquiera, y un buen hotel sólo es bueno por temporadas o estando en medio de un buen viaje, los que además son muy convenientes para vivir mejor en casa al regresar. Infortunadamente no se puede vivir bien en cualquier casa: toca hacerlo en una buena casa en una buena ciudad. Una buena vida es disfrutar el estudio, la lectura, el trabajo, el descanso y diversas actividades lúdicas y deportivas; pero ante todo disponer muchos días de tiempo para dejar pasar el día y, como pedía el poeta romano Horacio, vivir el momento: Carpe diem.

Una buena casa, o igualmente un buen apartamento, algunos lo son, debe tener varios espacios afuera, al aire libre y abiertos a las vistas internas o externas pero siempre al cielo, al amanecer y al atardecer; ya sean patios, solares con vergel y huerto casero, terrazas abajo o arriba, balcones profundos, o solo para mirar afuera apoyados en una cómoda baranda, azoteas con tendales y un mirador en lo más alto, todos con diferentes usos a distintas horas, lo que implica mesas varias, asientos, sillas, tumbonas, sabrosas hamacas, parasoles, asadores y duchas al aire libre, que permitan vivir adecuadamente cada momento del día y la noche y así disfrutar de una buena vida en casa.

Y desde luego una casa buena tiene que contar con buenas salas, comedores, estudios y alcobas con salidas a terrazas o balcones, y de diferentes puntales (alturas entre pisos) según su función; cocinas evocadoras que se puedan abrir, o cerrar, al comedor y lavanderías funcionales; y baños edénicos (con iluminación y ventilación naturales, y jardín propio). Espacios todos cuya carencia se puede compensar o mucho mejor, sumar, con los que brinde en el vecindario un buen espacio público urbano alrededor de la casa o edificio de apartamentos, con sus tiendas de esquina, cafeterías, bares y restaurantes, y mercados, y pequeños, gratos y conocidos parques cercanos.

Por su parte, un buen hotel no debe ser sólo para dormir por la noche, además de estar bien localizado en la ciudad, dependiendo de lo que se busca en esta, debe permitir disfrutar de gratos espacios para desayunar antes de salir, y al regresar contar con habitaciones con balcón propio para poder admirar los alrededores y paisajes lejanos, y deleitarse con un habano sin afectar el interior ni a los vecinos. Un buen hotel complementa una buena casa, pero no la sustituye pues en ellos no se almacenan recuerdos, solo los producen; pero son importantes para descansar y desayunar sabrosos en los buenos viajes y estos para que las buenas casas lo sean cada vez más después de cada regreso.

Una buena ciudad lo es siempre por sectores en los que se pueda caminar o ir en bicicleta a sus centralidades a la mayoría de las actividades cotidianas, y los mejores sectores son los que conforman ciudades dentro de la ciudad de tal manera que permitan ‘viajar’ entre ellas; así una buena ciudad compensa una mala casa, pero ni la mejor de las casas compensa todo el tiempo una mala ciudad, por lo que es imperativo salir de ellas periódicamente y viajar a otras ciudades con frecuencia, pues como lo decía don Agustín Nieto Caballero, fundador del Gimnasio Moderno en Bogotá, al regreso de sus permanentes viajes, este es, precisamente, su mejor momento: sus consecuencias.

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