Si la mitad del área urbanizada de la ciudad, sin contar los suburbios, tuviera el doble de altura, la gran mayoría de sus habitantes cabría en ella. Las alamedas como la de Quinta se habrían salvado, al menos la mitad del Mio no sería necesaria y la gente podría simplemente caminar para muchas de sus necesidades como siempre lo ha hecho en las ciudades. Eso fue lo que se pretendió hace 20 años con la Empresa de Renovación Urbana, creada con el propósito de una radical renovación del sector de El hoyo y El piloto, justo a lado del centro tradicional de la ciudad y con buena parte de su infraestructura ya construida. Pero fracasó, como muchas otras cosas en el país, por la falta de voluntad política, la no reelección de los alcaldes, la especulación y la oposición del sector inmobiliario. Uno de los mayores errores del Mio (el otro es haber sepultado el tren ligero) es que no es el complemento de la planificación física de la ciudad, sino la solución parcial de su transporte colecti...