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Frank goes to panama. 08.09.1999


Así titulaba The Economist   en febrero pasado un articulo sobre Panamá, uno de los pocos lugares del mundo en que el fin del milenio significará algo: el canal les será devuelto y su manejo definirá el futuro de su economía. Ante este reto los panameños nuevamente han recurrido a Estados Unidos en busca de ayuda. Aunque Frank Gehry es canadiense y su importancia como arquitecto es más europea que norteamericana, sobre todo después de la terminación (dentro del plazo y el presupuesto) del Museo Guggenheim de Bilbao, es sin dudas uno de los más destacados arquitectos norteamericanos en la actualidad. Ya los panameños comienzan a pensar (con inteligencia) que un edificio suyo podrá hacer por la Zona del Canal lo que el museo hizo por la ya obsoleta ciudad vasca. No en vano, a poco más de un año de inaugurado, el Guggenheim es después del Prado el segundo museo más visitado de España (un millón y medio de personas fueron a conocerlo en solo 15 meses) y considerado por algunos como el edificio más importante de este fin de siglo.
En Bilbao los inversionistas descubrieron (una vez más, después de Barcelona y Sevilla, y ahora Berlín) el poder de la arquitectura para levantar una ciudad más allá de su pasado, sostiene The Economist. No solamente se inauguró en 1997 su nuevo museo, tres veces más grande que el famosísimo de Frank Lloyd Wright en Nueva York, sino que ya se estrenaron las nuevas estaciones de su metro diseñadas por Sir Norman Foster, la nueva terminal de su aeropuerto, de Santiago Calatrava, el Palacio de Congresos y de la Música, de Federico Soriano, y la nueva estación intermodal, de James Stirling, terminada después de su muerte por su socio Michael Wilford; todo dentro de un plan de renovación urbana de Cesar Pelli. Es decir, un enorme trabajo de famosos arquitectos de todas partes para convertir el viejo enclave industrial en una nueva ciudad terciaria y del tiempo libre sin destruir su casco tradicional.
          Gehry, quien visita con frecuencia Panamá pues su mujer es de allí, propuso una alternativa a la previsible pero poco imaginativa idea de los empresarios locales de llenar de rascacielos Punta Patilla y construir un "pueblo mediterráneo" en el desalojado Fuerte Amador. En primer lugar habría que hacer un plan maestro para la totalidad de la Zona del Canal, transformar las bases militares abandonadas y construir nueva infraestructura para desarrollar un programa nacional de ecoturismo e investigación en biología tropical. Panamá, que carece prácticamente de turismo, ya ve en la industria sin chimeneas su principal fuente de ingresos para los próximos años. Arquitectos reconocidos de todo el mundo han sido llamados a colaborar en esta iniciativa como Harry Cobb, socio de I.M. Pei, autor de la "pirádime" del Louvre, Ben Van Berkel, diseñador del estupendo puente Erasmus de Rotterdam, y Alejandro Zaera-Polo y Farshid Moussavi, que están rediseñando tambien el puerto de Yokohama.
          Will Frank come to Colombia?  Seguro no; tampoco Sir Norman Foster, Renzo Piano o Richard Rogers. Aldo Rossi, que estuvo hace 20 años invitado por Carlos Morales, entonces Decano de Arquitectura de los Andes, no volverá pues murió en un accidente, y Jørn Utzon esta muy ocupado con la Opera de Sydney, de la que fue retirado en 1973 (estaba fuera del plazo y el presupuesto) y terminada por otros. Después de 30 años fue llamado para que el hoy símbolo indiscutible de Australia llegue al tercer milenio de la mano de quien lo diseñó hace medio siglo para el famoso concurso que ganó. ¿Y Rafael Moneo? No, ninguno vendrá. Lastima, pues otro camino para la excelencia en arquitectura, aparte de los concursos, es escoger arquitectos reconocidos internacionalmente. Pero el chovinismo tonto de las provincianas ciudades del país las ha marginado de la gran arquitectura del mundo. Tal vez Rogelio Salmona sea la excepción con sus trabajos en Bogotá, Cartagena, Armenia y Cali. Antes no era así pero hoy ni siquiera los medios se ocupan de estos temas (salvo El País  y antes El Espectador) a diferencia de las más prestigiosas revistas y periódicos del mundo, como The Economist ,  que lo hacen regularmente.

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