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Narcociudades. 07.12.2006


En Colombia muchos comportamientos mafiosos propios de los narcotraficantes han penetrado la sociedad entera, especialmente su economía y política, lo que se sabe desde hace años. Pero también y para mal han influido en el gusto y la arquitectura y por ende en las ciudades. Es lamentable que la arquitectura espectáculo de los nuevos “monumentos” de los países desarrollados sea burdamente copiada aquí, para cualquier cosa, por muchos de nuestros jóvenes arquitectos para hacer “cajas” vanamente de moda con “pieles” de vidrio, acero y madera de mentiras. Para peor de males la pertinente a nuestras circunstancias y determinantes geográficos e históricos no siempre es reconocida en su verdadero valor prefiriéndose como alternativa la tontamente folklórica.
Situación política y cultural mantenida por la apatía de muchos colombianos y el poder de los que se lucran con ella. Desde los traficantes y las guerrillas y paramilitares que se financian en buena parte con las enormes ganancias que produce la penalización de los narcóticos, hasta los políticos corruptos, los que lavan dineros ilegales y los que indirectamente se benefician con ellos, como comerciantes, decoradores, artistas, arquitectos y constructores. Y desde luego por la conveniencia del gobierno norteamericano que solo hace poco reconoció que el problema no es solo de oferta si no también de demanda, y que apenas pone parte del alto costo de la guerra que nos han impuesto, mientras que aquí ponemos el resto, los muertos y el atraso del país. Comprobadamente inútil, la guerra ha generado mas corrupción, violencia y deterioro de selvas, campos y ciudades. Y mas mal gusto.
Como lo ha demostrado la lucha mundial contra el tabaquismo y el alcoholismo, sería mas eficiente y económico tratar otras drogas, como la mariguana y la cocaína, como un problema de salud publica y despenalizar su producción, trafico y consumo. Así lo han sostenido muchos conocedores del tema hace años, aquí y en el exterior, y se repite con mayor frecuencia. En Europa se ha avanzado mucho en este sentido; en Holanda ya es un asunto de salud pública y en Suiza es legal el cultivo de la mariguana con fines distintos a su uso como narcótico. Incluso en Estados Unidos, de lejos los mayores consumidores de drogas del mundo, y en donde las cárceles se han llenado solo con los pequeños vendedores de las grandes ciudades, casi siempre latinos o negros, cada vez hay mas voces que abogan por un cambio radical de las políticas al respecto.
Deberíamos informarnos seriamente de los alcances nefastos del narcotráfico no solo en nuestra economía y política sino también en nuestra sociedad y cultura para que podamos exigir que la drogadicción sea tratada también aquí como un problema mas de salud publica y se despenalice su comercio. Los países que insistan en la prohibición de estas drogas que se ocupen ellos allá de que no sean importadas, como sucede hoy en Estados Unidos con el tabaco cubano. Seguir sosteniendo cómodamente que no lo podremos hacer unilateralmente solo muestra nuestro vergonzoso sometimiento, y desde luego es inaceptable que nos lleve a impedir al menos plantearlo y discutirlo.

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