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El siglo XXI. 21.05.2025

           Revoluciones, 2020, de Diana Uribe y Alejandra Espinoza Uribe, es interesante, explícito, sencillo y ameno, y mucho ayuda a comprender la actualidad del mundo en la tercera década del siglo XXI, y por supuesto la de Colombia. Comienza hace 10.000 años, abarca desde las movilizaciones masivas hasta largos procesos, y termina con la “revolución” que nos queda por hacer: “Si hay algo que podemos concluir de las revoluciones que hemos visto en este libro es que comparten el mismo afán por romper con el orden existente, pero para que se complete un verdadero proceso revolucionario se tienen que crear los términos de la nueva realidad.” (p. 409).

          El (des)orden existente es por supuesto el generado por la Revolución Digital, iniciada en 1950, en la que seguimos viviendo, que ya no es exclusivamente política sino también cultural, y la que parte de un largo proceso que empieza con la Revolución Neolítica de hace 10.000 años, en el cual se han entretejido todas las revoluciones posteriores; pero especialmente de la Revolución Industrial y con ella las instituciones, las empresas, la administración actual, y los medios de comunicación, todo esto centrado en  las sociedades masivas producto de la urbanización, y “la Revolución Digital está transformando, una vez más, las sociedades y la vida cotidiana de cada persona.” (p. 372).

          “La red ha tenido un impacto similar al que en su momento tuvo la imprenta, ya que masificó el acceso al conocimiento, puso en jaque a las instituciones que se encargaban de difundir y mantener la tradición escrita […]y transformó los hábitos de las personas de manera paulatina.” (p. 375). “En términos generales, durante el siglo XX el mundo se integró por primera vez en torno a la posibilidad de comunicarnos y de difundir información de forma masiva.” (p. 381). Pero: “Los distintos algoritmos encargados de organizar la información disponible en la red están diseñados para alimentarnos solo con aquello que se ajusta a nuestro perfil, historial de búsqueda, ubicación, etc.” (p. 395).

          Por eso la mayoría de la gente parece no haberse enterado de que de los nueve procesos encargados de regular la estabilidad y la capacidad de resiliencia del planeta Tierra, identificados por el Centro de Resiliencia de Estocolmo, ya se han superado los límites planetarios de cuatro: el cambio climático, la transformación de la biosfera, la deforestación, y la afectación química de los mares. A lo que desde luego hay que agregar las guerras, de las que sí hablan y opinan muchos, causadas por no mucho más de ocho déspotas mundiales que de una manera u otra afectan la vida de más de ocho mil millones de habitantes del planeta a 2025, ya su sobrepoblación.

          “Por eso es tiempo ya de hacer una revolución de tal magnitud que reconfigure nuestra existencia en el mundo; que cambie el sistema de relaciones que hemos creado entre el individuo y la realidad que lo rodea.” (p. 411). “La revolución por hacer será aquella que no esté basada en la destrucción de un orden, sino en la creación de un nuevo mundo, que rompa las reglas de los que se considera en cambio, que no sea impositiva, que esté inspirada por la empatía en vez de la violencia.” Revolución que implica lo pequeño, la experimentación, la colaboración y la colectividad en nuestra relación con los que nos rodea, y que Diana Uribe y su hija Alejandra piensan que quizás ya la hayamos comenzado (p. 419).

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