Cómo no recordar las casas de hacienda en el valle alto del río Cauca, en especial las emplazadas en la fresca loma con el amplio valle a los pies de su largo y ancho corredor frontal y mirada al atardecer al fondo; atrás la alta cordillera a la vista de su corredor posterior en “L” conformando un patio abierto con coloridas flores, árboles y pájaros, cerrado en sus otros dos costados por vallados de canto rodado que se tocan con la mirada; afuera una piscina de agua corriente y una letrina edénica con vista al valle; acequias a los lados y otra cruzando el patio y por un extremo la casa; y muy cerca un sonoro río de frescas y limpias aguas y pozo para bañarse. En ellas lo funcional se tornaba muy sabroso por lo sencillo y práctico; lo cerrado y lo abierto para el día o la noche, lo social o lo individual. Espacios cerrados y silenciosos como una sala de discreto postín y poco uso, varios dormitorios, pequeños y grandes, una ampli...