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El SITPC. 16.08.2001


El editorial de El País del domingo pasado invita a crear una cultura ciudadana alrededor de un Sistema Integral de Transporte Público Colectivo para Cali. Excelente iniciativa en la medida en que esté acompañada de la cultura de "los andenes para los peatones", la que implicaría ampliarlos, nivelarlos y limpiarlos de carros, ventas, talleres, escombros, basuras y vallas de publicidad. Es que la idea de un transporte público masivo conlleva la de recuperar las calles para la gente, lo que, con mejor transporte y educación ciudadana, mejora la calidad de vida de las ciudades. Lo demás es justicia y seguridad y trabajo bien pagado con que pagar el resto.
          El Director de Planeación Nacional afirma que el tren ligero costaría algo más del doble que los buses articulados sin aclarar si incluye la línea subterránea prevista en el proyecto de metro para la ciudad. Si no es así, ¿será que dos carrileras -a nivel del suelo- con sus respectivas catenarias cuestan más del doble que los cuatro carriles para los buses? ¿Será que tres vagones de tren, que transportan aproximadamente los mismos pasajeros (y más cómodamente) que dos buses articulados, cuestan más del doble que estos? ¿Será que las estaciones del tren ligero cuestan más del doble que las de los buses articulados pese a que son iguales? No parece creíble (a menos que haya gato encerrado, como en Medellín) que el tren ligero de superficie sea muchísimo más costoso que los buses articulados, pero aunque cueste algo más solo lo sería inicialmente pues su operación, por lo contrario, es más segura, ecoeficiente y económica.
          El sistema de buses articulados precisa de 8 carriles y un separador del ancho de las estaciones, además de andenes amplios pues los usuarios llegan en buena parte caminando. No hay en Cali ninguna avenida que la atraviese en el sentido norte-sur con dicha capacidad. Sólo se podría implementar en la (mal) llamada Autopista Suroriental, o en el par vial de la 25-26 lo que seria un error mayúsculo que comprometería el tren entre Yumbo y Jamundí, pues difícilmente cabrían los dos sistemas mas el tren regional.
          Por lo visto no se ha considerado lo más importante: el impacto de cada tecnología en las vías de la ciudad; no sólo en lo que respecta a la posibilidad de ampliar sus andenes, sino en cómo evitar su congestión por los buses y busetas desplazados por el nuevo sistema de transporte masivo, que pasan a competir con el sistema público y no a complementarlo, como pasó en Medellín con el Metro y en Bogotá con el Transmilenio, con sus consecuencias sociales, económicas y hasta de orden público ya conocidas.
          Por lo contrario, con el tren ligero y de superficie entre Yumbo y Jamundí, por el corredor férreo, el parque actual de buses y busetas de la ciudad pasaría a alimentar esta línea vertebral del SITPC, cuyos pasajes más altos, por un mejor servicio, tendrían que ser asumidos por todos: pasajeros, transportadores privados y el Estado. El caso de Cali es diferente al de la mayoría de las ciudades dentro y fuera del país. Aquí sería posible adecuar el sistema de transporte colectivo actual a un nuevo sistema público integral, bajo una sola autoridad, que por supuesto podría contar con buses articulados para alimentarlo por las no tan congestionadas vías este-oeste de la ciudad, que por sus cortos trayectos no precisarían carriles especiales.
          En pocas palabras, los buses articulados son una tecnología complementaria a la del tren ligero. Lo que no se entiende es por qué se la quiere presentar como substitutiva o por qué se quiere empezar por lo complementario y no por lo principal. Si no hay dinero para el tren ligero entonces es mas sensata la propuesta de los buses grandes que ofrecen los transportadores: si es que se pueden poner de acuerdo y autocontrolarse. Lo otro no pasa de ser otra imposición mas del Gobierno Nacional a la ciudad, como esa del Ministerio de Hacienda que obligó a la Directivas de la Universidad del Valle a demandar sin consideración alguna a muchos de sus jubilados tratándolos como si fueran delincuentes.

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