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Turno para Versalles. 21.11.2002


Durante varios años los vecinos de Normandía tuvieron que soportar la algarabía, tumulto y desorden de las  mal llamadas “tascas”, instaladas a la orilla del Río Cali con motivo de la feria, pese a que era violado su derecho constitucional a la tranquilidad y movilización. Su inconveniencia fue tan evidente que finalmente se trasladaron a otra parte, cosa que esos funcionarios que elegimos para que administren con autoridad permitieron minimizando apenas algunos de sus aspectos negativos, pues en general lo que suelen hacer es disponer de la ciudad con autoritarismo. Para tapar un hueco abrieron otro. Normandía por Versalles.
          De nada valieron las consideraciones de los vecinos de San Vicente y Versalles que con razón le recuerdan a Corfecali que tres clínicas están a pocas cuadras del parque pues tal parece que en Cali hasta los enfermos tienen que participar obligatoriamente de su feria. Tampoco importan los daños irreversibles que se puedan ocasionar a sus jardines, ni la tranquilidad y comodidad de los vecinos. Lo que cuenta es el circo fácil para el pueblo. A las autoridades les interesa mas complacer a sus electores que lo que le pase a la ciudad y al resto sus habitantes, muchos de los cuales irresponsablemente, es cierto, dejan que el clientelismo o el mesianismo las escojan por ellos. Pero, por supuesto, eso no les quita el derecho a quejarse después.
          Que bueno que hubiera restaurantes y bares a la orilla del rió, sin ruido y con estacionamientos bien resueltos, los que sencillamente en diciembre tendrían mas animación. Que hubiera frecuentes cabalgatas y no esa atarvanería anual que pone patas arriba la ciudad, solo que la de diciembre sería mas grande y ceremoniosa. Que hubiera fuegos artificiales abundantes y silenciosos debidamente programados y no los inesperados, ruidosos y peligrosos de la pólvora callejera. Que la gente bebiera vinos y licores buenos a lo largo del año y no esos lamentables anisados con los que los que llegan y los que no se van se emborrachan para sentirse de feria. Seríamos una ciudad de verdad todo el año y no una farsa navideña.
          ¿Cuándo anunciaremos las cosas con suficiente tiempo para que se forme una opinión pública? ¿Cuándo a hacerlas sin que afecten innecesariamente a los demás? Un buen ejemplo es la temporada de Cañaveralejo cuyo impacto negativo es mínimo (estar a favor o en contra de los toros es otro asunto) pues cuando se construyó la plaza no había casi nada en sus alrededores y ya lleva medio siglo en el mismo sitio de manera que todo el mundo sabe a que atenerse. Su ruido, si se quiere llamar así, no afecta las viviendas vecinas pues están las mas próximas bastante retiradas y cuenta con suficientes estacionamientos; y si se presenta algún desorden momentáneo en el tránsito es debido solo a la vieja ineptitud de las autoridades del ramo.
          En el Parque de Versalles estuvo el primer hipódromo formal de la ciudad. Pero, siempre a la penúltima moda, en medio siglo cambiamos las elegantes carreras de los pura sangre inglesa por la vulgar imitación de las deliciosas tascas españolas, las que precisamente allá tienen la sabiduría de mantener la animación adentro, es decir solo para los que entran. Aquí se trata, por lo contrario y sobre todo, de hacer participes del alboroto también a los demás, como los que ponen su radio a todo volumen para que los vecinos crean que tienen equipo de sonido y que están muy felices, o como esos narcotraficantes que solían echar ruidosos voladores cuando coronaban.
El relevo es ahora para Versalles, pero cuando después de un par de años logren, como los vecinos de Normandía, que no les pongan allí mas las tascas ¿a cual barrio le tocará el turno? A lo mejor a Normandía otra vez pues aquí nos olvidamos pronto de todo y poco nos importa lo que le pase a los demás. Ojalá el parque quede mejor de lo que estaba, como asegura El País, pero la realidad es que ahora está peor (cerrado) y durante mas de un mes será en el mejor de los casos repentinamente distinto; dos palabras que resumen la desgracia de Cali en el último medio siglo.


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