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Vergüenza. 29.03.2001


La mala suerte del edificio más alto de Cali no tiene fin: ahora es el más grande y costoso soporte de publicidad exterior del mundo y su más horripilante tugurio de antenas, elocuentes marcas dignas de esa estupidez que es el Guines, solo posibles en esta ciudad sin memoria que permite la invasión violenta e indiscriminada de su espacio urbano público. Por supuesto no es el primer edificio que se alquila sin pudor a la publicidad. Muchos lo han hecho con sus culatas y terrazas, pero es el primero en hacerlo con sus fachadas y a pesar de ser un hito de la ciudad, aun cuando lo sea por su solo tamaño. Por este camino no demoraran en ser usadas la Gobernación y el Cam para publicidad política como esa de "se siente nuestra fuerza" con la que se llenó la ciudad a falta de obras de verdad importantes, necesarias y bien diseñadas y construidas. No es imposible en una ciudad en la que permanentemente se "adornan" con pinturas tontas, propaganda incluida, cuantos muros se encuentren limpios, y que llegó al extremo de pintarrajear un esperpento en la fachada lateral de Nuestra Señora del Rosario afortunadamente eliminado por la discreta restauración del templo que realizaron después los benedictinos.
          La mayoría de las vallas de publicidad no pasan de ser promesas vacías y verdades a medias; todo un exceso de propaganda y otras formas institucionalizadas de la mentira a las que estamos tan acostumbrados que, como lo advierte Konrad Lorenz (Decadencia de lo humano ), hemos desarrollado una peligrosa tolerancia hacia sus nocivos efectos. ¿O qué otra cosa son las enormes y sofisticadas vallas que invitan a ser "diferente" consumiendo lo que todos consumen o prometen la virilidad en una aspirada o buscan que confundamos la provocadora modelo con el carro? Poco a poco el engaño induce a cambiar la realidad por las imágenes deformadas por el consumismo en la TV, las revistas y periódicos, y en el espacio público, perversamente invadido cada vez más con propagandas. Ya ni siquiera se puede mirar al cielo sin encontrárselas.
          Pero poner la publicidad cubriendo los edificios es además doblemente dañino. Tapar parcialmente las formas arquitectónicas es como si tuviéramos que andar disfrazados a medias, cosa que en efecto muchos hacen evidenciando que se quiere ocultar a toda costa el hecho gravísimo de que somos una sociedad enferma, hipócrita y claudicante. ¿Que opina de este atropello la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la de Mejoras Públicas, la Cámara de Comercio? ¿Que pensaran los profesores y estudiantes de  las escuelas de arquitectura que funcionan en la ciudad? ¿Que dirán las autoridades? si es que dicen algo distinto a sus disculpas de siempre pues ya enajenaron el espacio urbano público a la publicidad, por toda una generación, con la disculpa de un mobiliario urbano que, por lo contrarío, no se ve por ninguna parte. ¿Que sienten los arquitectos que diseñaron el edificio?
          No faltarán quienes crean, con ingenuidad o sin ella, que las vallas son bonitas y las propagandas veraces o que son mejores que los edificios, paisajes y atardeceres que tapan. Pero que lo digan en público pues este debate es urgente ya que aquí no vemos el mal gusto que nos rodea, no oímos el escándalo que hacemos para que los demás sepan que estamos vivos, ni sentimos los olores fétidos que nos reciben en el aeropuerto o cuando el viento viene de Yumbo, ni nos creemos afectados por la contaminación ni el mugre, ni amenazados por vivir en una zona sísmica; caminamos por las calles pero parqueamos en los andenes y nos pasamos los semáforos en rojo, nos quejamos de la inseguridad pero compramos en la 16 y vestimos con ropas, zapatos y relojes de marca pero pirateados, denigramos de la policía pero nada le exigimos, evadimos los impuestos y sobrevivimos con viveza en el desorden y la corrupción; también destruimos todo lo "viejo" renegando sin saberlo de nuestros orígenes. Afortunadamente no somos todos: solo la mayoría. No, no es una exageración. Si no fuera así a nadie se le habría ocurrido colgarle una valla a la Torre de Cali, ninguna empresa la habría financiado, las autoridades no la habrían permitido y la ciudadanía no la toleraría. Que vergüenza.

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