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Caminando la ciudad. 13.04.2006


Cuando aparecieron las ciudades al oriente del Mediterráneo, hace varios milenios, se formaron primero densas y desiguales manzanas con patios y solo después se regularizaron sus calles y plazas. Y aunque al menos desde Roma hay andenes, como por ejemplo en Pompeya (de ahí el nombre de paso pompeyano del cruce peatonal a nivel de los andenes), solo se generalizaron por todo el mundo con la invasión de los carros hace menos de un siglo. Pero en Cali los andenes están desapareciendo desde hace unas décadas. ¿Será que estamos deshaciendo el camino de la civilización? Por que lo que es un hecho histórico es que esta tiene que ver con las ciudades y concretamente con sus calles y plazas en las que los ciudadanos caminan y se encuentran. Asunto que aquí insistimos con atrevida ignorancia en no ver.
             Los andenes del centro, herederos de las aceras de la ciudad “republicana” de finales del XIX, son muy estrechos y solo en pocas partes se ampliaron después y nunca suficientemente. A los de los primeros ensanches, en barrios como San Fernando o Versalles, se les agregó una pequeña franja verde siguiendo el modelo norteamericano, en donde está destinada a recoger la nieve, pero ya Ciudad Jardín se hizo solo con calzadas para los carros. Finalmente, las amplias zonas peatonales que supuestamente acompañarían al Mio, y con las que trataron de convencernos de sus bondades como renovación urbana, se quedaron casi todas en veremos y por lo contrario ya le echaron un zarpaso al Parque Panamericano, supuestamente protegido por ser Monumento Nacional, y los samanes de la Quinta siguen amenazados.
             Además, los insuficientes andenes de la ciudad son cada vez mas irregulares y ocupados por vendedores informales o comercios y talleres adyacentes, o invadidos por los carros y por supuesto llenos de postes. En Cali todo el mundo hace con “su” anden lo que le da la gana para resolver sus necesidades o caprichos individuales. Hay barrios en donde la cultura mafiosa que se ha apoderado de nosotros ha llevado a que sus vecinos se crean con el derecho a modificarlos según su particular gusto. Al paso que vamos pronto los mármoles tan de su querer que salen de sus casas para mostrarnos su recientemente adquirida riqueza se tomarán hasta la mitad de la calzada. En definitiva, en está ciudad es imposible caminar bien en ninguna parte por el anden mas de un par de cuadras.
             Por eso la gente se refugia en los centros comerciales pese a que sus corredores cada vez se tugurizan mas siguiendo el mal ejemplo de la ciudad pero en los que aun se puede andar. ¿Será que una ciudad en la que no se puede caminar lo es tal? O tenemos que ignorarlo creyendo las sandeces que dice la revista Semana sobre la nuestra, o irnos acostumbrando a hacerlo en otra parte pues en Cali están desapareciendo no solo los andenes sino las manzanas y los patios. Lo que va quedando aquí es un reguero de construcciones mediocres en medio de vías llenas de huecos y cruzadas por peligrosos policías acostados e inútiles puentes peatonales, con casi todo su equipamiento urbano por fuera de su termino municipal, como lo estará “su” futuro Centro de Eventos en Yumbo.


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