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Camine caminamos. 18.03.2004


En Colombia los alcaldes poco practican esa sana y agradable actividad natural que es caminar. Además no dejaron por donde. Montoya (que fue el primero en Bucaramanga), Peñalosa y Mockus, son excepciones. Algunos trotan para hacer ejercicio pero jamás se les ocurriría andar a sus despachos y menos ir en bicicleta. Se olvidaron que las ciudades son el encuentro civilizador de sus ciudadanos en sus calles, como nos lo acaban de mostrar los españoles manifestándose masivamente en ellas contra el terrorismo. No entienden que su primer deber es garantizar que todos podamos circular con seguridad y placer. No tienen interés por andenes y  ciclorutas a pesar de que a muchísimos colombianos les toca caminar y montar en bicicleta. Pero lo peor es que ni siquiera a estos les preocupa, acostumbrados a pasar por donde puedan en las invasiones, barrios marginales, pueblos o campos de donde vienen.
Los carros, aparecidos de ultima hora que adoramos, chocan con lo urbano. Son de los suburbios y autopistas que precisamente surgieron por ellos. Desde hace décadas, especialmente en Europa y Estados Unidos, se ha comprobado que han sido negativos para las ciudades. Los estudiosos del tema coinciden en que arruinan la calidad de la vida en las calles, amenazan la seguridad de los peatones, dañan el tejido social de las comunidades, aíslan la gente, aumentan los suburbios, comprometen la belleza de las ciudades, hacen ruido, contaminan el aire, calientan la atmósfera y desperdician energía (J. Crawford: Carfree Cities). Y concluyen que no se deberían usar masivamente para el transporte urbano; solo para las noches, salir al campo, llevar el mercado y, desde luego, en los casos de urgencia.
En Cali hemos permitido que aquí los carros y las motos sean mas ruidosos y contaminantes y especialmente agresivos; no respetan los cruces peatonales y se estacionan en los andenes, con la anuencia de las autoridades –que hacen lo mismo-, obligando a los peatones a bajarse a las calzadas. Lo primero que habría que hacer, contando con un clima y unas distancias como las que tiene la ciudad, sería construir andenes anchos, continuos, sencillos, llanos, arborizados y sin obstáculos (nada que ver con lo que se hizo en la Sexta), principiando por el Centro, en donde hoy son una verdadera vergüenza, pues es el único sector común a todos sus habitantes y el mas animado. Y desde luego habría que pensar en una verdadera red de vías para los ciclistas.
La maravilla de una ciudad sin carros no solo se experimenta en esos centros históricos como Venecia o Brujas, sino en cualquier centro comercial, en donde se puede caminar con placer y seguridad, que es lo que vamos a hacer a Unicentro o Chipichape. Pero también a Manhattan, Londres o París, Buenos Aires, Ciudad de México o Madrid, que como todas las grandes ciudades tienen muchísimos carros pero que nunca olvidaron sus andenes. Incluso a Bogotá, que no es que los este recuperando, como se dice equivocadamente, sino que apenas los está construyendo ahora, pues como todas nuestras ciudades coloniales nunca los tuvo pues no los necesitaban. La estrecha acera ya es republicana y contemporánea de los coches y tranvías de caballos. Por eso hay que hacer el MIO desde el principio con los andenes amplios y las ciclorutas previstos en el concurso para el diseño de sus estaciones.


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