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La Directa Cali Palmira. 27.09.2007


Cuando se construyó hace mas de medio siglo, sin duda un acierto, se cometió el grave error de no cerrarla. Y era perfectamente posible pues se trataba de una vía totalmente nueva sin entradas ya establecidas a fincas y casas. Pero habría que haberla pagado mediante peaje, y no por valorización, lo que obligó a permitir el acceso a ella a los propietarios vecinos y a los que se beneficiaron después. Por eso, ahora que ya hay peaje, lo mas importante es cerrarla. Las servidumbres existentes se pueden solucionar por otras vías o prolongando los actuales carreteables laterales, pavimentándolos, aprovechando que la zona de la vía es afortunadamente muy amplia, antes de que se ocupe como ya lo comenzaron a hacer sus concesionarios actuales para sus oficinas.
En todas las vías con cobro hay un retorno o una salida antes del peaje para que se pueda abortar el viaje a último momento. Pero en La Recta, ante la imposibilidad de echar reversa (no faltaría quien lo haya intentado y se regrese en contravía), toca atravesar como se pueda el separador por una de esas trochas que se han hecho espontáneamente, con el riesgo de quedar empantanado en el fondo. Debe ser por que en Colombia insólitamente (e inconstitucionalmente por lo del derecho a la movilidad) casi todos los peajes son obligatorios, pues no hay rutas alternativas para que uno pueda escoger. Y , en últimas, por que se trata de una autopista de mentiras. O, a medias si es que eso es un consuelo.
Después de invertir mucho en unos terceros carriles, que no necesitaba y aun incompletos donde serían mas útiles, y de aumentar su velocidad a 100 K/H, contradictoriamente se instalan casi todo el tiempo retenes a mitad de camino. Sus bolardos naranjas, para que los carros aminoren la velocidad, están peligrosamente puestos, y uno de los retenes es con frecuencia para pedir el certificado de gases y demás papeles del caso. Por supuesto los controles deberían estar junto a los peajes, como es usual en otras partes. Pero aquí a nadie le importan estos detalles ni el contaminador hato que continua pastando allí como Don Diego por su potrero, ni la maquinaria agrícola que transita lentamente o los larguísimos trenes de transporte de caña, ni las bicicletas que no usan la cicloruta, ni los peatones que cruzan corriendo debajo de los puentes peatonales junto con otros animales.
Son pocos los que se dan cuenta de que los accidentes de transito en las carreteras y calles de Colombia cobran mas vidas que la inútil guerra contra el narcotráfico. En la prensa siguen sacando descrestadoras “mentigrafías” de la “falla” vial del Valle, pensando con el deseo, y la gente sigue diciendo que es una autopista, como si nunca hubieran transitado por una de verdad, lo cual es cierto pues en el país no hay ninguna. Incluso los que si las conocen en el exterior tienen el extraño complejo de que si aquí no existen, al menos nos tenemos que contentar con su nombre. Y las protestas por el peaje son por su costo y no por lo que se deja de hacer con su recaudo y menos aun por lo que se hace mal, como talar los árboles de Doña Rosita en lugar de poner barreras metálicas laterales y podarlos.

 



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