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Vivienda y ciudad. 04.05.2006


Insistir en analizar aisladamente el problema del déficit de viviendas de interés social (VIS), como se ha venido haciendo sin mayor imaginación hace décadas, no ha servido mas que para continuar ocultando un problema muchísimo mayor y que por supuesto lo incluye: el déficit de belleza, urbanidad y urbanismo de nuestras ciudades. Si acaso nos ocupamos de su infraestructura y en general lo hacemos mal, como se esta viendo con el MIO en Cali, que cuando se detenga por meses en la Calle 13 terminara por convencer a los que aun no creen que fue una metida de pata pasarlo por allí. Insistimos en confundir vivienda e infraestructura con ciudad. No entendemos que la ciudad es también y sobre todo una obra de arte colectivo, como lo dice Lewis Mumford.
             Desde hace mas de treinta años quedo en claro en un estudio realizado por el Centro de Planificación y Urbanismo de la Universidad de los Andes en varias ciudades del país, desafortunadamente poco conocido, que la mayoría de la gente puede resolver sola el problema de su vivienda particular, y que muchas veces lo hace mejor que el Estado, pero que en cambio le es casi imposible solucionar los muchos problemas públicos de la ciudad en tanto que artefacto, y que cuando lo hace lo que hace es privatizarla. En el estudio (La vivienda como factor del desarrollo urbano, 1970), dirigido por el arquitecto Jaques Mosseri, se pudo constatar cómo las invasiones se estabilizaban mas rápido que los barrios en donde estaban, y cómo los inquilinatos no eran tan malos como comúnmente se piensa.
            Y por supuesto el déficit de ciudad no solo es el de su infraestructura (vías y servicios), ni el de su transporte colectivo, ni de recreación, educación y salud, y ni siquiera de seguridad, todos temas recurrentes cuando se habla de la ciudad, sino que lo es especialmente de espacio público: andenes, semáforos para poder cruzar con seguridad y tranquilidad por las esquinas, plazas en donde encontrar a los demás y parques en donde recrearse. Y sobre todo déficit de belleza urbana. ¿Cuándo entenderemos que la belleza no es un lujo sino una necesidad? El arte y el lenguaje aparecieron al tiempo en la evolución de lo que sería nuestra especie. ¿Será que aquí estamos dando un salto atrás? No por la violencia pues la paz es un triunfo de la cultura, sino por el mal gusto, que es una excrecencia de la violencia.
Antanas Mokcus se dio clara cuenta de que el problema de nuestras ciudades era de urbanidad, Enrique Peñalosa de que era también de urbanismo y Rogelio Salmona llevaba décadas poniéndole belleza. Por eso Bogotá cambió tanto y tan rápido finalmente, y por eso ahora que el Alcalde Garzón piensa que el problema es solo “social”, está regresando a lo que se había vuelto con su desaforado crecimiento a partir de mediados del siglo XX, como les paso a todas las grandes ciudades colombianas, y muy  especialmente a Cali. Solo que aquí aun ni siquiera nos enteramos de que el cacareado problema social lo es sobre todo de la belleza de las ciudades, su urbanismo y urbanidad, pese a que en ellas vivimos la mayoría de los colombianos pero sin que aun no demos cuenta de en donde es que estamos.


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