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Conclusiones necesarias. 05.06.2008

La diversidad de opiniones sobre el premio de la VI Bienal Iberoamericana de Arquitectura evidencia la necesidad de continuar el debate sobre nuestra arquitectura actual. Es un tema cultural que permitiría a los ciudadanos acceder a sus ciudades en tanto que obras de arte colectivo. Pero los arquitectos, en la medida en que intervenimos en lo que es de todos, tenemos que aprender a concentrarnos en lo razonable de las criticas que suscitan nuestros edificios, mas que en los supuestos motivos personales de los críticos; a argumentar mas que vilipendiar. Si no tenemos temor a que se construya lo que diseñamos, mucho menos lo deberíamos tener a que se lo discuta, creando ese útil "trasfondo meditativo" del que habla Milan Kundera (François Ricard: La littérature contre elle-mème, 1990). Nos permitiría desarrollar una teoría que evite que nos volvamos arbitrarios o repetitivos, al entender y aclimatar el simple gusto propio tornándolo pertinente y colectivo (Hanno-Walter Kruft: Historia de la teoría de la arquitectura, 1990).
Si bien hay muchas funciones nuevas y la arquitectura ahora cuenta con un gran avance técnico, sus formas no permiten casi nada totalmente nuevo; solo unos pocos sólidos platónicos, pero sí muchas derivaciones y combinaciones. Por eso los arquitectos prudentes no caen en la  simple “imitación servil de un estilo”(DRAE), si no que simplemente roban, como dijo T. S. Eliot de los poetas maduros. Reinterpretan ideas, que suelen venir de muy atrás, y las desarrollan creativamente. Las leyes que vuelven efectivo lo que consideramos no convencional, basadas en la psicología elemental, son eternas, y de ahí que lo extraordinario se desprenda de lo ordinario (Robert Greene: Las 33 estrategias de la guerra, 2007). La arquitectura sigue siendo la concepción poética, técnica y económica de ambientes útiles y entrañables para la vida. Que se ven, oyen, tocan, huelen y sienten, en espacios interiores que son su esencia, y que emocionan al recorrerlos (Bruno Zevi: Architectura in nuce, 1964), pero que se modelan para definir espacios urbanos, discretos o monumentales según lo demande cada caso. Y hoy deben ser sostenibles, funcionales, confortables, seguros y reciclables.
Lamentablemente nuestra profesión, pese a que cada vez interviene mas en nuestras ciudades, ha perdido el estatus social que tuvo, es cada vez menos respetada y se la confunde frívolamente con el “exteriorismo”, la decoración o el diseño. En buena parte porque la divulgación y crítica de nuestra arquitectura no ha sido sistemática ni continua. Hoy nuestros debates gremiales carecen de sindéresis; esa discreción y capacidad natural para juzgar rectamente. La crítica, basada en su competencia y pertinencia, induciría reflexiones que contribuyan a relacionar y enriquecer los datos existentes para crear una perspectiva histórica que nos facilitaría transformar nuestras ciudades. Pues de eso es que se trata, nada menos, y de ahí la importancia de un debate que debería ser permanente y público. Y por eso nuestras bienales tendrían que ser muestras razonadas de la arquitectura que se está haciendo en el país o Ibero América, mas que meros concursos de elogios o exclusiones mutuos.
         

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