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Entendiendo. 11.01.2023

 Entre la independencia y la pandemia, 2022, de Hernando Gómez Buendía, lleva a entender mejor a Colombia y el porqué de su guerra, “la más larga del mundo”, y por qué se va a acabar a medida que pasa cada vez más a su periferia mientras crecen mucho sus ciudades… pero en ellas su inseguridad. Y cómo ha sido esta guerra: varias simultáneas o a continuación una de otra, determinadas por la geografía (la esquina privilegiada de América) como lo son todas las guerras, unas más que otras, que dejó en claro Fernand Braudel en El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, 1949, justo después de la Segunda Guerra Mundial, la mayor de todas las guerras.

La segunda mitad del Siglo XX es la de la generalización de la violencia en el campo colombiano ¿pero a quién le podían importar sus consecuencias sicológicas, físicas y legales en un país en el que los homicidios debidos a la violencia intrafamiliar y callejera son más que los de la lenta y vieja guerra que lo aquejaba? Por eso a finales de dicho siglo la preocupación pasó a la creciente inseguridad en las ciudades, en las que se manifiesta en la delincuencia (atracos, robos, extorsiones), el acoso del tránsito en las vías, y la falta de urbanidad en los espacios urbanos públicos, debido a que las ciudades estaban creciendo mucho y muy rápido, como fue el caso de Bogotá, Medellín y Cali.

En 1787 Cali tenía 5.690 habitantes. En 1843 ascendió a 10.376 y en 1851 era el sexto municipio del país con 11.848. En 1870 alcanzó los 12.743 y para 1912, ya capital del nuevo departamento del Valle del Cauca, eran 27.747. En 1918, cuando se completa el ferrocarril a Buenaventura, llega a 45.525, para 1938 tenía 88.366, y en 1951 alcanza los 284.166. Entre 1950 y 1964, con la expansión de la industria azucarera y los desplazados por la violencia, su tasa de crecimiento fue la segunda en el mundo después de Sâo Paulo, y para 1996 llegó a los dos millones dejando una ciudad llena de trampas urbanas debidas a la improvisación y la negligencia.

En 2022, después de la pandemia y ya con casi tres millones de habitantes (bien contados), Cali es la segunda ciudad en el país y siguen llegando de la costa pacífica en búsqueda de mejor calidad de vida, que superan a los que emigran buscando trabajo en otros países. Además, su imagen ha cambiado completamente pues muchas construcciones coloniales o de tradición colonial, o que se contaban entre el más valioso patrimonio arquitectónico moderno del país, se han reemplazando por mediocres edificios seudo posmodernos de los que se llenó la ciudad con el boom del negocio inmobiliario que generó el lavado de dineros del narcotráfico, destruyendo una vieja tradición.

Ya a inicios de la tercera década del Siglo XXI lo que hay que entender en Colombia son sus ciudades, las que han crecido mucho y muy rápidamente, y cómo las ha afectado el narcotráfico, una de las guerras que estudia Hernando Gómez Buendía; y las amenazas que siguen en el mundo, pero en diferentes grados, es lo que lo lleva a la esperanza que abre su libro. Son la sobrepoblación y el consumismo los que llevan al cambio climático; las desigualdades y polarizaciones a las guerras; los leguleyismos y mentiras a la falta de justicia; la corrupción y clientelismo al robo del erario; y la ignorancia y populismo socavan las democracias, impidiendo el poder vivir sabroso.

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