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El buen ejemplo de Palmira. 24.01.2002


Ha quedado demostrado una vez más que reducir las calzadas para aumentar los andenes mejora la calidad de vida de los ciudadanos. La medida fue puesta en práctica con éxito en diciembre, en el centro de la vecina ciudad, con bolardos provisionales, lo que dará tiempo, cuando se repita, para ajustarla, y para educar a los usuarios, y pasar, ahí si, a ampliar definitivamente los andenes. Ojalá entonces se reemplacen los bolardos con aceras un poco más altas, para que no sean invadidas por los carros (23 centímetros bastan), en donde sea factible, o con árboles alineados y rectos donde quepan, y que queden solo los bolardos estrictamente indispensables.
          ¿Cuándo entenderán la autoridades de Cali lo conveniente que sería reducir las calzadas de las calles del centro a solo dos carriles y dar toda el área sobrante a los andenes? Dos son suficientes: uno para circular y otro para parar; tener más no sirve de nada pues todas sus calles presentan uno o más cuellos de botella al tener cuadras enteras de dos carriles o incluso uno solo. Además los carriles continuos, aunque apenas sean dos, organizan el transito automotor haciéndolo mas ágil ¿O será que las autoridades aún piensan acabar de tumbar todo para ampliar todas las calles, como se hizo con la 10ª, la 5ª y la 13 y la 15? ¿Será que ni siquiera entienden que, si eso fuera posible, sería de todas maneras muy útil ampliar los andenes mientras tanto?
          Los andenes amplios, planos, continuos, sin barreras y sencillos, como cualquiera lo capta de inmediato en Nueva York, por ejemplo, permiten que el caminar por la ciudad sea seguro, y agradable, pues se pueden ver edificios y apreciar vitrinas, lo que favorece el comercio, amen de patrocinar el intercambio social, pues en ellos se pueden mirar discretamente los demás. Hacen posible vivir la calle y por tanto la ciudad.
          Las calles son consustanciales de lo urbano, aparecieron después de la formación, hace milenios, de las manzanas con patios, en los iniciales y estrechos recintos amurallados del Cercano Oriente, pero antecedieron a las plazas y posteriores parques y avenidas del Occidente. Los coches de caballos y últimamente los automotores, hicieron necesaria su diferenciación en calzadas y andenes, pero nunca han perdido su carácter eminentemente peatonal. Otra cosa son las autopistas urbanas. El problema en Cali es que éstas nunca lo han sido del todo mientras que las calles cada vez lo son menos. La calles son la parte pública más importante de cualquier ciudad pero las autoridades aquí poco se ocupan de ellas, obsesionadas con los carros, las vías, los puentes, los cobros por valorización, el clientelismo y los serruchos del caso.
          ¿Cuándo entenderán en Cali que son más importantes los ciudadanos que sus carros particulares y que por eso lo básico es el transporte masivo, y que este se inicia y termina es en los andenes? ¿Cuándo entenderán que las “soluciones” viales a dos o más niveles (“adoradas” en Cali por los que ni siquiera tienen carro) no sirven de nada cuando no son parte de un sistema continuo de circulación que incluya los andenes? ¿Cuándo entenderán que los semáforos no solo son para organizar el transito sino para que los peatones puedan cruzar las calles segura y cómodamente por las esquinas? Cuándo estos tendrán "tiempos" para los peatones? ¿Cuándo habrá andenes? ¿Cuándo terminará la violencia que significa el que en Cali no se puede caminar?
           ¿Porqué no se pasan por Palmira cuándo próximamente este funcionando su inteligente laboratorio? queda ahí no más. No tienen necesidad de gastar el dinero de los contribuyentes, que las eligen y pagan, viajando a Nueva York, ni a París, en donde se ampliaron los andenes de los Campos Elíseos hace ya años, ni a Quito, donde se crecieron los de la Avenida Amazonas mucho antes, y ni siquiera a Bogotá en donde Peñalosa entendió que la cosa es por ahí. En todas estas calles se puede caminar sin peligro ni vergüenza; ojalá se les ocurra aquí seguir ejemplo.

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