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La Cali que no fue. 24.08.2000


La Gobernación se podría haber construido sin demoler el Palacio de San Francisco. Con solo hacer las fachadas que no tenía, allí estaría el despacho del Gobernador unido con el nuevo edificio de oficinas (eso es lo que es) por un moderno puente. Debajo de la plaza, que sería más compleja, aun se puede hacer un estacionamiento público. Con mover un poco El CAM se hubiera conservado el cuartel del Batallón Pichincha para ese Museo de la Ciudad que Cali, tal vez por que ya no lo es, todavía no tiene. El Club de Tenis y el Cuartel del Benemérito Cuerpo de Bomberos ¿para que tumbarlos? Mejor haberlos conservado, como el Puente Alfonso López, o de los Bomberos, pese a que no se soluciono bien. En el Gutiérrez Vélez viviría gente y tendríamos el placer de bajar sus escalinatas y recoger el correo al lado del río. Remodelado, como Casa Medina en Bogotá, el Alférez seguiría siendo el mejor hotel de la ciudad. El Club Colombia sería más elegante y tradicional en su vieja sede, que merecía un final más noble que el incendio, que en su nuevo edificio ya viejo y cada vez menos fino. Para que o ¿por que? demolió el Campestre su vieja casa, la de la hacienda de San Joaquín, entre Cañasgordas y la ciudad, que como la de Juan Félix Hernández de Espinosa, en el llano de Meléndez, era "casa grande de teja, de espaciosos corredores y con oratorio en el extremo y trapiche".
          Lo de Santa Librada, antes San Agustín, fue un crimen. No estaría allí el parqueadero verde bilis, el edificio mas feo y torpe de Cali, pero si su más importante construcción colonial, exceptuando "la más bella de América" como llamo Santiago Sebastián a la Torre Mudéjar. No haber tirado la también mudéjar de Santa Librada para ampliar la 4ª, habría evitado tal vez esa equivocación que fue meter los carros al centro. El claustro serviría ahora para algo pues, a diferencia de los edificios modernos, sirven para casi todo: desde universidades (allí funciono la Facultad de Arquitectura) hasta cárceles y cuarteles; y en las iglesias todavía se reza. La antigua casa de los Otoya sería, con sus ocho columnas de fustes monolíticos, dos ornamentados y fechados, ejemplares únicos en el arte colombiano, la mas vieja de Cali pues la de Hernan Martínez Satizabal solo es de mediados del XIX. Fue una estupidez rellenar el Charco del Burro; La Tertulia estaría más arriba y la ciudad tendría todavía ese maravilloso recodo aunque ya nadie se bañara en el. ¿Y la Biblioteca Departamental que tumbó la Universidad del Valle? Y así.
          Seria hilar fino pensar que se hubieran podido conservar las casas de alto de la antigua Plaza Mayor, pero no lo es pensar que podían estar casi como eran los primeros barrios residenciales como El Centenario o Juanambú, hoy irreconocibles, donde no quedaron siquiera los rojos tulipanes o las camias olorosas. ¿Para que destruir Santa Rita o Santa Teresita? !Se hubieran podido salvar al menos las palmeras de Versalles! ¿Sería mucho pedir que se los hubiera transformado con un mínimo orden como más o menos a ocurrido en el Peñón? Queda San Antonio (por fortuna cada vez más blanco), un pedazo bello de Miraflores y por todos lados la narcociudad de las últimas décadas. Y la que se destruyó construyendo puentes y vías no siempre útiles que hubieran podido rodear el viejo casco sin acabar también con los cerros. Cali sería aún bonita y digna; y mas pacífica. Nunca fue moderna y ya no podrá volver a ser colonial ni republicana. Borrando su pasado se comprometió su futuro.
          A los caleños no les interesan las tradiciones de su ciudad. La gran mayoría no tiene raíces aquí ni tuvieron la educación para preocuparse por una historia que a pesar de todo también era la suya. Los pocos que si las tienen son además de muy pocos, poco sensibles a lo urbano y con frecuencia vergonzantes o ignorantes de la importancia del patrimonio construido. Para no hablar de la codicia con que corrieron a vender lo que no solo era de ellos; cambiaron casas estupendas por mezquinos apartamentos que ni siquiera parecen de aquí, y justamente fue por eso pero con la disculpa de la seguridad y las sirvientas. ¿Cuando aprenderemos a no destruir lo ya medio consolidado, como la ciudad o la universidad? O nuestra democracia.

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