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El POT. 10.08.2000


Hay aspectos interesantes en el Plan de Ordenamiento Territorial de Cali (POT) poco mencionados. Para principiar, es un instrumento que se viene realizando desde una perspectiva puramente técnica pero que se decide desde una gestión supuestamente política que, en las circunstancias actuales, es ante todo ineficiente, corrupta e ignorante. Es también una propuesta que a la vez que es poco participativa (en el sentido de que no recoge trabajos previos sino que se limita a oír opiniones) se somete a una opinión publica desconocedora del tema. Tampoco es un verdadero plan (en el sentido de apuntar a un modelo integral que prefigure espacial y culturalmente la ciudad), ni es de ordenamiento, ni abarca todo su verdadero territorio, ni cuenta con el tiempo para ser formulado correctamente.
Circunscribirlo al Municipio de Cali (como lo obliga la ley) es ignorar conturbación ya existente con Jamundí y Yumbo, y la que avanza hacia los asentamientos industriales y de vivienda al otro lado del Río Cauca sobre las carreteras a Candelaria y Pradera/Florida; pero también la que comienza a tomar fuerza a lo largo de La Recta, hacia Palmira, y con las zonas industriales de la Ley Paez en el Norte del Departamento del Cauca a lo largo de la carretera a Santander de Quilichao. La ciudad misma ya desbordó el limite municipal por el norte, sur y oriente. El ordenamiento del territorio de su crecimiento e influencia no puede ser independiente, a costa de fracasar, del de la ciudad existente. Ni puede dejar de lado el desarrollo de sus numerosos vacíos y la conservación de su patrimonio construido.
          Un POT  no puede ser un instrumento puramente "técnico"; tiene que ser también social, económico y político, y por lo tanto no puede ser independiente del Plan de Desarrollo. Pero sobre todo tiene que ser cultural: un modelo de ciudad y territorio a la vez que de sociedad. Además no hay condiciones para que se ponga en practica si se considera la actual subdivisión político administrativa del país y el cortísimo periodo de los alcaldes y su no reelección inmediata. Un verdadero plan para Cali tendría que abarcar unos seis municipios y dos departamentos, y tres años de administración municipal, cada vez, no es tiempo suficiente ni siquiera para echarlo a andar. Debería comenzar por plantear la creación (legalmente posible) de un área metropolitana y plantear la urgencia de que sea aprobada la reelección inmediata y seguida de los alcaldes. (Su concepto sobre el POT debería ser la segunda pregunta clave al actual sospechoso enjambre de candidatos a la alcaldía de Cali para poder escoger al menos el menos malo.)
          Aparentemente la historia y las razones de Cali ya no son más las Santiago de Cali cuya espacialidad urbana tradicional ha sido muy alterada o desaparecido. La ciudad se ha extendido como mancha de aceite, ya no tiene unos cuantos miles de habitantes sino mas de dos millones y la vía al Pacifico desde el interior del país pasa ahora es por Buga. Buenaventura no es más el embarcadero del puerto seco que era antes Cali. (debería ser la capital de su propio departamento.) Sin embargo, la traza colonial de la ciudad permanece tercamente no solo en lo que fue su casco histórico sino en muchos de sus ensanches posteriores. Como permanece muchos años después, entre carros, taxis y buses, su mercado central en las calles que rodean el nuevo Palacio de Justicia, pese a haber sido demolida la bella plaza de El Calvario, a mediados del siglo XX, precisamente para construirlo.
          Las ciudades no solo son sus construcciones y espacios urbanos, objeto principal del POT, sino también sus gentes, actividades y paisajes. Su desencuentro en Cali explica su historia indecisa y cambiante. Desaparecer las tradiciones y los lugares que unen culturalmente las diferentes generaciones y procedencias de los habitantes de la ciudad actual, fue contribuir a ese desarraigo creciente que tienen con su demasiado nueva y poblada ciudad generando un clima propicio a la violencia. Han desaparecido casas y calles pero han quedado usos, costumbres y memorias. Un POT que no abarque este panorama integralmente quedara a merced de la politiquería y la improvisación ante la indiferencia de todos, como lo demuestra la insólita decisión reciente del Consejo de eliminar del POT la columna vertebral del transporte masivo.


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