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Las maravillas de Cali. 13.12.2001


Con preocupante frecuencia dicen que Cali es bonita; incluso que es muy bonita. Pero en realidad es fea, bastante fea; además de ruidosa, desordenada, sucia e insegura. Sólo se salvan algunos de sus lugares y edificios. Hace medio siglo sí era bonita, como se ve en las fotos de Alberto Lenis. Pero no es seguro que lo fuera cuando comenzó a convertirse en ciudad a principios del siglo XX; sin embargo a mediados del XIX posiblemente fue una bella aldea como lo muestran los grabados de esa época. Lo que siempre tuvo, antes de ser fundada y, menos aun, construida, son sus maravillosos clima y paisaje, aunque sólo queden el Río Cali y los cerros. Son una maravilla; pero muy pocos, y es muy preocupante, se dan cuenta.
          El clima de Cali es fascinante; muy especial según Victor Olgyay, autoridad internacional en el tema, que lo estudió a fondo cuando fue profesor de la Universidad del Valle. La duración del día cambia poco a lo largo del año, por lo que se mantiene una temperatura promedio entre 22 y 26º C; el verano lo es por que hay mas días soleados seguidos; y el invierno cualquier mes que llueve más. Tres veces, casi todos los días, su temperatura pasa por lo que se conoce como zona de confort; se puede estar desnudo (cosa que afortunadamente aprovechan las caleñas) y sólo a la madrugada se enfría un poco el ambiente. La temperatura sólo se hace incomoda cuando coincide con mucha humedad, el bochorno que llaman, pero se puede controlar fácilmente con ventilaciones cruzadas o con un ventilador y, por supuesto, con esa maravilla que es la siesta. Si se sufre calor es debido a la torpeza de la vulgarización de la arquitectura moderna en la ciudad, que deja de lado clima, paisajes y tradiciones, ignorando la colonial y la de la excelente arquitectura moderna local de mediados del siglo pasado.
          Cali, entre los 900 y los 1000 metros sobre el nivel del mar, tiene una topografía plana y una de ladera. La parte alta rodea las Tres Cruces o está a los pies de Cristo Rey, por lo que la presencia de estos cerros es inevitable, y la baja los mira con la cordillera y el bello atardecer detrás a lo lejos. La vegetación en este clima cálido y húmedo es exube­rante y variada, pero se ha arrasado con ella. Se ha hablado mucho de los cerros pero nadie parece mirarlos. Durante el último medio siglo los tapamos con innecesarios edificios altos y horrendas culatas que se "cubren" con propagandas mentirosas. Jamás se diseñaron avenidas que los tuvieran como remate y la Calle Quinta se lo encuentra de frente por puro accidente; pero que maravilla de vista. Por supuesto están los morros de Rio de Janeiro, y Caracas tiene su Monte del Avila, pero no son muchas las ciudades alrededor de un cerro tan majestuoso como el de las Tres Cruces... si se lo mira bien, es decir con la vegetación que ya no tiene y sin las antenas.
          Del Río Cali se han dicho muchas bobadas, principiando por los citados versos de Eduardo Carranza, que se le perdonan pues eran de amor. Las ciudades comenzaron junto al Tigris, el Eufrates y el Nilo y no son pocas las que tienen río; rodeadas por él, como Toledo, o separadas por él, como Budapest, Londres o Praga, o como Nueva York, que integra varias ciudades separadas por dos ríos, mientras que a París la juntan sus muchos y bellos puentes. Orleans, Blois y Amboise están al lado del Loira y Córdoba y Sevilla del Guadalquivir; Lisboa del Tajo y Mompox y Barranquilla del Magdalena. Pero no abundan las que son cruzadas por un río: Florencia, Roma, entre otras...y Cali, única en el país con su bellísimo río de aguas aunque escasas correntosas que se escurren entre piedras bajando por arboladas riberas. Pero todas las iniciativas para "recuperarlo" lo dañan aun más. Cali nunca fue un sueño y ya casi no tiene río.
         

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