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Beijín Cali. 30.11.2006


Desde que los chinos lograron para Beijín los Olímpicos de 2008 se fijaron como meta deslumbrar al mundo con los mejores Juegos de la historia, colocar a China en la escena internacional y convencernos de que han entrado a la modernidad (El País, Madrid, 2006). Y quieren para su capital la imagen de "una ciudad limpia" arrasando con el presente de su pasado al destruir barrios enteros que en cualquier país de Occidente estarían protegidos. Los viejos habitantes pobres del centro son expulsados para dejar paso a los nuevos proyectos inmobiliarios y comerciales, diseñados por arquitectos principalmente europeos pues está de moda entre los nuevos chinos ricos lo “moderno”, lo occidental. Ya no quieren vivir en sus tradicionales vecindarios de estrechos callejones e íntimos patios. A esta situación se suma el afán por ampliar las calles del centro, que no fueron concebidas para el transito automotor, para introducir más carros, ahora los reyes en China, sin que importe que cuando se conviertan en anchas vías, que no avenidas, ya no quepan.
          Es el sueño del Gran Timonel -volver la antigua capital imperial una vitrina socialista- pero ahora acelerado en los últimos meses. En 1955 Mao ya había eliminado buena parte de la muralla de Beijín, y para 1960 a lo largo de la avenida vacía que la reemplazo solo quedaban algunos vestigios y los barrios vecinos ya llenos de “modernos” edificios de apartamentos y nuevas vías, cuyos carros finalmente embotellaron la avenida. Ahora, conscientes de lo que renta su riquísimo pasado, están invirtiendo cantidades enormes de dinero en la reconstrucción de las grandes y bellísimas puertas de la muralla y los edificios grises de sus famosísimos burdeles (The Economist, 11/10/ 2002). Pero ya no pasaran de ser mas de esas “antigüedades” destinadas a los turistas, dándole aquí toda la razón a Rem Koolhaas cuando afirma que los centros históricos son lo más renovado, modificado y falso que hay en las ciudades (La Ciudad Genérica, 2002). Hoy Beijín está sufriendo la mayor ola de destrucción desde la Revolución Cultural cuando los templos fueron saqueados, los libros quemados y los intelectuales perseguidos.
          Según los expertos mencionados por El País, la prioridad dada al desarrollo económico y el monopolio del Estado sobre el suelo, ha llevado a menudo a los funcionarios del Partido Comunista a trabajar en connivencia con los promotores de jugosas operaciones inmobiliarias. Situaciones similares se dieron también en Barcelona a raíz de sus Juegos Olímpicos, denunciadas en su momento, pero al no ser tan desmedidas los resultados urbanos fueron diametralmente opuestos. En Beijín, a pesar de que en 2002 se aprobó un plan de protección de 25 distritos históricos, se ha continuado expulsando a los viejos residentes, incluso usando presiones a veces violentas, con el pretexto de que sus casas están ruinosas, desplazándolos a las afueras, único lugar donde pueden vivir con las indemnizaciones que reciben. Los parecidos con Cali y sus Juegos Panamericanos de 1971 no son coincidencia; solo que aquí no hubo planes para proteger el patrimonio, todo lo contrario, ni se indemnizó a los desplazados.

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