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Cine, arquitectura y ciudad. 19.02.2004


A la memoria de Gino Faccio
          Son muchas las películas en las que la arquitectura o la ciudad han jugado un papel primordial. Desde  Intolerance, de David Wark Griffth, de 1916, o Das Kabinett des Doktor Caligari, de Robert Wiene, de 1920, o Metropolis, de Fritz Lang, de 1926,  hasta la reciente y divertida el Quinto Elemento de donde parecen haber salido las “divas” que emergerán próximamente a la orilla del Río sin tener nada que ver con Cali. Son producto de ese afán, que nuestro alcalde no puede ver, de adornar la ciudad con la disculpa de un arte auto proclamado tal, y cuyo peligro por supuesto es que se vuelvan permanentes como pretende alegremente su desconocido autor con el aplauso ingenuo de la prensa local.
La gran mayoría de las películas están ambientadas en edificios o ciudades y con frecuencia nos muestran vistas novedosas u ocultas. Por ejemplo en las últimas de James Bond o Misión Imposible pudimos ver la magnífica arquitectura barroca de Praga o los insólitos palacios “italianos” de la imperial San Petersburgo en la desembocadura del helado Neva, en cuyas escalinatas “suceden”  escenas claves de El Acorazado Potiomkin de Serguei Eisenstein, de 1925, pese a que en realidad fueron filmadas en Odesa. ¿Cuantas se ha filmado en París? Incluso las hay que no salen de una casa o un simple apartamento como la memorable Ventana Indiscreta de Alfred Hitchcock, de 1954. O una con  Kirk Douglas basada en un episodio pasional de la vida de Frank Lloyd Wright y filmada en su bellísima Hanna Residence, de 1936, conocida como Honeycomb, y hoy casa de huéspedes ilustres de la universidad de Stanford en California.
          ¿Como filmar a Francisco I sin su castillo de Chambord? ¿O a Diana de Poitiers sin el de Chenonceau, cuya espectacular galería de dos pisos fue su idea que el arquitecto Philibert de l´Orne la apoyara en el puente de cinco arcos que cruzaba el río Cher, pero que fue costeada por Enrique II para sufrimiento de la celosa Catalina de Médicis, su esposa ? ¡Todo un rollo! ¿O a Luis XIV, el Rey  Sol, sin Versalles? ¿O a Isabel y Fernando (tanto cabalga tanto Isabel como Fernando) sin la muy francesa catedral de Burgos, al principio, o la maravillosa Alhambra mora de Granada al final? ¿Qué haría Woody Allen sin su Nueva York? Muerte en Venecia de Thomas Mann, filmada por Luchino Visconti en 1971, es Venecia. La Dolce Vita, de Federico Fellini, de 1960, es en Roma, como diez años después Roma, de 1972, fue solo Roma. Lo mismo que El Portero de Noche de Liliana Cavani es Viena. ¿Qué hubiera quedado de Hitler sin Albert Speer o Leni Riefenstahl ? Ni los western-spaghetti se salvan de su respectivo pueblo de tablas y estructura de balloon frame.
          Por supuesto se han rodado algunas películas en Cali o, mejor, por caleños. Se llego a hablar de Caliwood. Pero la verdad es que no se ha hecho ninguna “en” la ciudad y menos aun “sobre” la ciudad; las de los VII Juegos Panamericanos fueron sobre los juegos. Tal vez Gino Faccio nos habría ayudado a entender las dificultades de hacerla. Y seguramente sabría de donde salió la diva de El Quinto Elemento y de donde las tres dudosas de Cali. El cine (como la literatura) ilumina el acontecer no solo de los ciudadanos, como piensan nuestros noveles cineastas, sino también el de las ciudades, como poco se dan cuenta nuestros jóvenes arquitectos.

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