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El Charco del burro. 09.12.2004


Dice el arquitecto Francisco Zornosa con toda la razón que lo peor que se le ha hecho a la ciudad fue rellenar ese bellísimo, sonoro y profundo recodo del Río Cali en donde él alcanzo a nadar de adolescente no hace tanto. Y, tambien con la razón toda, reclama que a nadie le ha importado, antes ni ahora, pese a que es una de las causas de las inundaciones posteriores pues les servia de freno. La realidad es que los caleños actuales no se percatan de que debajo de La Tertulia corría el agua y muchos ni siquiera saben en donde queda este museo de arte moderno ni para que sirve, ni que en las orillas del río se lavaba ropa hasta hace pocos años. Ahora lo único que se nos ocurre hacer con su emblemático cauce es llenarlo torpemente de adornos y luces de creciente mal gusto en cada diciembre para la feria.
Desde luego la inevitable prolongación de la Avenida Colombia hacia el occidente se habría podido hacer mediante un puente de tablero mínimo y una sola luz, como el viejo y bello puente de El Peñón, para no tener que elevarlo como los esperpentos sin terminar pero ya deteriorados de la “falla” vial del Valle. Y La Tertulia habría podido quedar concentrada al lado del agua en donde el arquitecto Manuel Lago hizo su último y tan desafortunado edificio. Esto habría dejado intacto el Charco del burro para que las generaciones posteriores supieran en donde aprendieron a nadar su padres y abuelos y que por allí pasaba, justamente por el medio del imponente despeñadero en el que el rió recostaba sus aguas de alta pendiente, el camino a ese Pacifico de donde vienen muchísimos de los actuales pobladores de la ciudad. Cali habría podido conservar algo único en el país.
Bogotá, por lo contrario, con el llamado Eje ambiental de los arquitectos Rogelio Salmona y Luis Kopec ya recuperó en la Avenida Jiménez la presencia en su superficie del Rió San Francisco, a mala hora entubado, mediante una amplia atarjea que la recorre a todo su largo. Aquí tambien sería posible, por supuesto, hacer un estanque entre los edificios de La Tertulia y el barranco que les sirve de fondo, alimentado, como en el caso de Bogotá, con agua del mismo rió. Seria similar al que separa las diferentes sedes de las embajadas de los países nórdicos en Berlín, o al que rodea la Biblioteca Virgilio Barco en Bogotá, también de Salmona, pero mucho mas sencillo y de lejos muchísimo menos costoso que la majestuosa y enorme plaza del Carnaval que los pastusos si se atrevieron a hacer para rescatar el centro de su ciudad.
En lugar de repetir estudios para el Centro como acaba de hacer el actual secretario no de Planeación si no de Gobierno (!), que descubren otra vez el agua tibia, se debería invertir en alguno de los muchos proyectos concretos que existen para la recuperación del Río Cali. Pero estos se ignoran pues al parecer lo importante no son las obras si no devolver atenciones. En el Charco del burro terminaba Cali cuando era una pequeña pero digna capital pero ahora, que mas que ciudad es un enorme asentamiento, su centro comienza por este costado precisamente en La Tertulia. Ocuparse de este sector, como lo concluye el Plan del Centro Global de la anterior alcaldía, que recogió casi todo lo propuesto antes, conservando la memoria del Charco del burro y del camino a Buenaventura, sería comenzar a volverla otra vez ciudad.



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