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Los edificios percha. 01.06.2006


Todo comenzó a mediados del siglo XX cuando a las grandes corporaciones les dio por poner sus nombres y logotipos, en lo mas alto de sus nuevos rascacielos, en reemplazo o además de las discretas placas de bronce de antes. El enorme letrero de Panam coronando el edificio de Walter Gropius en Manhattan, cuyo remate fue diseñado para albergarlo, fue de los mas conocidos. Luego los edificios, especialmente los modernos, se llenaron de propagandas hasta el extremo de que en Times Square hay varios diseñados recientemente (y muy bien) con ese propósito. Después les dio a los museos y similares por colgar de sus sedes, viejas o nuevas, elegantes y temporales pendones. Y siempre los rascacielos mas altos sirvieron de soporte para antenas de radio y televisión, como lo fue el grande pero discreto mástil único de una de la Torres Gemelas, la  del costado norte, destruidas por el terrorismo islámico hace ya unos años en Nueva York, y que contenía, ocultándolas parcialmente, muchísimas antenas.
Estas modas por supuesto llegaron sucesivamente años después a Cali y como de costumbre se las trivializó rápidamente. Así, la cubierta, sin gracia es verdad, de la llamada Torre de Cali, se convirtió en un grotesco amasijo de antenas, solo comparable con el horror de Las Tres Cruces; y como si fuera poco se pretendió colgar en sus fachadas cerradas las que hubieran sido las vallas mas grandes del mundo. Y muchísimos edificios y casas de la ciudad se vieron antes cubiertos de propagandas apenas su uso se volvió preferencialmente comercial. Pero lo mas preocupante es que entidades culturales como el Instituto Departamental de Bellas Artes, el Centro Cultural de Cali o la Biblioteca Departamental, hallan caído contradictoriamente en la misma banalidad. Pero lo peor son los edificios del museo La Tertulia que están ahora permanentemente como arropados por enormes propagandas (el museo se alquila para diversas actividades), como si se quisiera tapar el abandono en que se encuentran, o por avisos sin gracia, y que mas parecen sabanas sucias a punto de caer movidas por el viento que no pendones, anunciando importantes exposiciones que merecerían otro tipo de reclamo para los transeúntes.
Desde luego no se trata de que algunos edificios que lo justifiquen no puedan tener letreros, banderas o pendones. Los templos egipcios tuvieron pendones hace mi les de años. Y los castillos medievales tenían su respectiva torre del homenaje coronada por banderas. Pero difícil imaginar al Palacio de Versalles con un letrero aludiendo al Rey Sol. Fue la simplicidad de la vulgarización de la arquitectura moderna y la generalización de la sociedad de consumo lo que facilitó el desaforo de esos publicistas sin ética ni estética que piensan que los edificios son perchas para sus vallas para anunciar cualquier cosa en ellas. Se trata, por lo contrario, de que avisos, banderas y pendones se pongan al menos con un mínimo de decoro, gusto y discreción, y solo en ciertos edificios, tal y como se hace en muchas partes. En esta diferencia, que no es nada pequeña, está el detalle. No solo hace falta sentido estético sino cierta cultura y conocimiento.


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