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Preguntas. 04.01.2007


En su paso demoledor por San Fernando la nueva Calle Quinta quedó con un peligroso trazado sinuoso, apenas dos carriles en cada sentido, que se llenaron de taxis y buses ocupados a medias, y con sus terminados ya dañados o envejecidos. Y se les olvido que los peatones en las ciudades de trazado ortogonal caminan en línea recta. Nadie esta usando los pasos pompeyanos, en principio una buena solución, pues para no detener la circulación quedaron muy retirados y la gente prefiere bajarse a la calzada para cruzar las calles, con toda la razón y como siempre lo ha hecho, en lugar de caminar 12 metros mas y tener que hacer cuatro cruces seguidos y en ángulo recto. Además, para evadir el problema de usar los antejardines, no se construyeron hasta los paramentos, como estaban diseñados, y en lugar de un anden amplio, llano, recto, a nivel y arborizado, quedo una colcha de retazos, a veces inclinados o con escalones, y con unas palmas que no le darán sombra. ¿Por qué insistimos, entonces, en la maravilla del espacio publico que dizque nos esta dejando el Mio?
Aparte de un tierno “vía a Buenaventura”, o la insólita prohibición de ir a caballo que había por el Intercontinental o el mapa de la montaña rusa de la Circunvalación (derrumbada de nuevo) que tenia uno que bajarse del carro para entenderlo, o la antiquísima indicación que ya bajando el puente de la estación prohibía entrar a Cali, o el enorme aviso de “Prohibido estacionar en este costado” pintado en una culata en El Peñón, al menos la mitad de la señalización vial de la ciudad es ilegal, antitécnica, mal puesta, repetida, desactualizada o no se puede obedecer, lo que lleva a que no se haga mucho caso del resto. En Colombia se han preferido las normas norteamericanas a las europeas pese a que nuestros carros y vías son mas semejantes a los del viejo continente, y existe una combinación arbitraria de ellas con no pocas debidas al talento nacional. ¿Por qué insistimos únicamente en que los accidentes se deben solo al exceso de velocidad, o al alicoramiento, o pedimos mas policías acostados, en una ciudad llena de huecos, o que se usen los puentes peatonales, pese a que muchos no los pueden subir?
Los pecados de San Antonio son muchos pero veniales. Pero hay algunos graves y juntos podrían ser mortales para el barrio. Mas el problema no es tanto el de los enchapes y colorinches prohibidos e inútiles que insisten en poner en zócalos y fachadas, ni la desaparición de los aleros y ni siquiera el estrambótico balcón que se está terminando en una de sus casas. Son mucho mas graves la perdida del alineamiento y la privatización de los andenes, la apertura burda de garajes, los terceros pisos agregados sobre la calle en varias construcciones, que ya no casas, y la desaparición paulatina de patios y solares. Pero lo mas peligroso es sin duda la total e irresponsable indolencia de la Administración Municipal al respecto. Menos mal que los habitantes del barrio lograron impedir el negocio del ridículo pesebre-tasca en el Parque del Acueducto. ¿Pero por qué no insistimos en la creación de una corporación que como la de la Candelaria en Bogotá se ocupe de San Antonio?


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