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San, San, San Fernando. 13.07.2006


Este tradicional club es un importante hito de la historia de Cali durante buena parte del siglo XX, y su sede, junto con el Hospital Departamental, el Parque Panamericano, el Estadio, las Piscinas y el Gimnasio, conforma una serie de equipamientos urbanos, próximos entre sí, y únicos en el primer ensanche hacia el sur de la ciudad. Así se lo entendió en el POT, obligando a que se conserven sus usos. El Club, que había funcionado inicialmente en un proyecto protomoderno de 1941, del ingeniero ale­mán José Moschner, fue ampliado posteriormente por Edmond Cobo, y rediseñado totalmente por los arquitectos franco-belgas Philip Mondineau y Edmond Bacca a comienzos de la década de 1950, quienes ya habían optado por las formas modernas que lo caracterizaron hasta que comenzó a ser tugurizado en los últimos tiempos.
            Vender la totalidad de sus terrenos puede ser lo mas cómodo, fácil y rápido para los que solo piensan en negocios ventajosos pero evidentemente no es lo mas imaginativo ni conveniente. Por supuesto que es factible conservar la sede original y desarrollar el resto, por ejemplo los terrenos que fueron adquirido con posterioridad. Todos los interesados ganarían menos pero también tendrían que invertir menos. Y la ciudad ganaría mucho en lugar de perderlo todo. Con negociar solo la mitad, podrían pagar sus deudas y recobrar el proyecto de Bacca y Mondineau. Eso si, los comisionistas tendrían que resignarse con una tajada menor que la que tienen en mente, pero todavía muy jugosa.
Desde luego el mejor negocio para el Club sería participar en el desarrollo inmobiliario de todo el conjunto, como socio, aportando los terrenos y el uso de sus instalaciones. Y lo mismo podrían hacer algunos de sus acreedores. En donde está el gimnasio se podría construir un edificio alto, para hotel u oficinas, que lo contuviera junto con algunas otras dependencias del Club, y las canchas de tenis se podrían reorganizar y sustituir algunas por otras para deportes en recintos cerrados, dando cabida a un desarrollo de vivienda de alta densidad. Por supuesto habría que modificar el POT en este sentido, pero no para permitir la desaparición del Club, en donde esta, como quieren algunos, sino, por lo contrarío, para hacerlo viable, allí, para sus socios y la ciudad.
Pero esta concertación no es probable en un país dado a la codicia y la corrupción, y signado por la ignorancia y una preocupante indiferencia hacia lo urbano arquitectónico y el patrimonio inmueble. Acabar con la sede del San Fernando sería otro error como la demolición innecesaria del Batallón Pichincha, el Palacio de San Francisco, el Club Colombia, el Hotel Alférez Real y el colegio El Amparo; o como el absurdo traslado de la Universidad del Valle a Meléndez, seguida en estampida por las otras universidades y colegios de la ciudad, o como la insólita construcción de un Centro de Eventos en Yumbo, el aumento suicida de la densidad en los suburbios del sur, o el despelote del MIO. Lo que dejaremos a los que nos siguen será un gran asentamiento genérico, sin historia ni tradiciones, en su mayor parte en permanente destrucción-construcción masiva, y poco sostenible.

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