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Climas y paisajes, 26.07.2018


       “En realidad lo mismo es pensar y ser” ya dijo Parménides (S. Palazzo,  Heráclito y Parménides, 2015, p.12), y por eso no pensar en los distintos climas de Cali ni en sus variados paisajes es no ser caleño, pues si hay algo que la haga especial es su geografía que, ya lo dejó en claro Fernand Braudel, es la que determina la historia (El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, 1949) y se ha recordado antes en este espacio y no sobra insistir en ello. Todo lo contrario pues es imprescindible pensar mucho más en la peculiar geografía de la ciudad para poder enderezar su infortunada historia urbana y arquitectónica reciente, que impide cada vez más gozar de sus climas y paisajes.         
       Climas tropicales que no cambian con las estaciones a lo largo del año si no con la altura sobre el nivel del mar y el paso del día. En media hora se puede pasar del calor de sus partes mas bajas y menos venteadas al clima templado de la cordillera en la “salida al mar” o llegar a este, más caliente y muy lluvioso. Climas que definieron tradiciones que abarcan la ropa, los muebles, las casas, las calles, los barrios y desde luego la comida, la música y el comportamiento de la gente: la ciudad toda. Pero que se olvidaron rápidamente a lo largo del siglo XX, dados a copiar modas de países de climas de estaciones en vez de reinterpretar lo propio, mas no como una moda mas, como si se ha hecho. 
      Los paisajes naturales que rodean la ciudad, que dependen del clima, relieve, vegetación y el paso del Sol y de la noche que llega, son bellos, y hay que agregar algunos paisajes urbanos, como en San Antonio, que hacen que uno se sienta aquí, mientras que en otros, como Ciudad Jardín, que se crea que se está en otra parte, y qué tal los apartamentos “en medio de la naturaleza”, que dejan las casas que había en medio de un arrume de feos edificios. Mas por ver los Farallones en la mañana o el valle del rio Cauca cuando cae la tarde, con la cordillera enfrente e iluminada, o desde allá ver los cerros y la cordillera de este lado atrás, y ríos y quebradas que sobreviven, bien vale la pena vivir aquí. 
   Climas y paisajes que definen tradiciones y espectáculos, y por tanto formas de vida y comportamientos; una calidad de vida que no se puede medir solo con datos socioeconómicos, sino también con realidades culturales. Y estas son en Cali diversas, pero que hay que “transculturizar” mejor. Aunque las mujeres aciertan ligeras de ropa, aquí muchos hombres se ponen demasiada ropa o van de saco y corbata para presumir. Y los paisajes se destruyen como si no se disfrutara de ellos y se talan arboles con la disculpa de que están enfermos en lugar de curarlos si es que es cierto, o dejarlos morir de pie si hubieran leído a Alejandro Casona; y ni hablar de los ríos y quebradas.        
       Y, como si no bastara, de nuevo la geografía cambiara cambiará la historia, incluso terminándola, si no se controla pronto el cambio climático debido al consumo, aupado por el consumismo y la obsolescencia programada, y desbocado por la sobrepoblación del planeta. Es el no saber aprovechar bien sus climas y paisajes mediante la reinterpretación de sus tradiciones, y no las modas norteamericanas cada vez más globalizadas. Es decir, hay que cambiar la historia reciente gozando mas y mejor de la geografía de siempre, si no es que antes un conflicto atómico las cambia al tiempo, por lo que de nuevo hay que recordar a Noam Chomsky ¿Quién domina el mundo? 2016.  

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