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Mompox. 03.09.2009

Pequeña Sevilla en el trópico. Lejos del mar sus rejas pudieron ser de hierro y es blanca, aunque tuvo colores, que los restauradores han rescatado pese a que el tiempo los había eliminado para bien. Antes de los carros sus calles tenían árboles para defenderlas del sol. Como lo hacen los bellísimos portales de las casonas de la “albarrada” que de cara al Magdalena recorre la ciudad, o las amplias galerías que dan a corredores de aleros bajos que rodean frondosos patios. Su famoso Colegio Pinillos lo es no apenas por su claustro. Mas allá está el cementerio, de los mas bellos del país y en el que terminó el General Maza. Y, al otro extremo, cruzando la pequeña plaza del gran Bolívar (Si a Caracas debo la vida a Mompox debo la gloria), el edificio republicano del mercado espera mirando al río que terminen su restauración.
          Santa Cruz de Mompox, por Mompoj, un importante cacique local a la llegada de los españoles, fue fundada en 1540 por Alonso de Heredia sobre el Río Grande de la Magdalena, la gran arteria nacional hasta principios del siglo XX. Pero hace tiempos éste privilegió el Brazo de Loba,  el que recibe al Río Cauca, desplazando a Magangué la navegación, la que por lo demás dejamos acabar, burros que somos, cuando “pasamos de la mula al avión”. Y por supuesto el ferrocarril  al Atlántico no podía pasar fácilmente por la Depresión Momposina, la que ahora allá buscan con toda razón volver otro departamento (lo que le hubiera gustado a Orlando Fals Borda), con municipios del sur de Bolívar y Magdalena, pues seis horas de pésimas carreteras la separan de Cartagena, la capital actual.
          Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad y bella como la Heroica, es mas auténtica, precisamente por estar lejos de todo. Como de esos comerciantes que allá ponen torpes vitrinas como de centro comercial bogotano en pleno Centro Histórico, o de esas codiciosas torres de apartamentos casi siempre desocupados. Pero aunque es un placer caminar y negociar filigranas de plata y oro en sus talleres, lamentablemente una innecesaria invasión de motos sube y baja por la Calle Real del Medio, cuya circulación podría estar limitada a la Calle de Atrás, que aun separa en partes la ciudad del campo. O usar silenciosas bicicletas y taxis eléctricos ideales dado su tamaño, topografía y clima. Pero paradójicamente su mayor amenaza es la insuficiencia de las normas del Ministerio de Cultura para la protección de su patrimonio construido.
          Mompox, haciendo eco de una muy conocida rima local, también son dos: la lejana y bella ciudad y Candelario Obeso. Militar, ingeniero, educador, periodista, diplomático y poeta, nació allá en 1849 y hoy sus restos reposan cerca al general Maza. Traductor de importantes obras del inglés y francés, es conocido por sus Cantos de mi tierra,  como la “Canción der Boga Ausente”. Con solo 35 años volvió realidad, en la fría y distante Santa Fe de Bogotá, su bella, fuerte y contestataria poesía: “Dices que no me quiere; que la olvide…/ ¿Y bien sabes lo que es amor? / ¿Sabes lo que me pides? / Si el mismo Dios me dice que la olvide, / Le digo a Dios que NO… / Y si en castigo a mi blasfemia impía / Me la quita veloz / Entonces, me suicido: voy al cielo / Y se la quito a Dios.”

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