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¿Un calitrava? 21.06.2012


Como lo denunció el arquitecto Juan Carlos Ponce de León, ex Director de Planeación, se pretende hacer una clínica en Ciudad Jardín haciendo trampa (El País, 17/06/2012), pues la falta de ética, y en consecuencia de estética, es lo usual en el diseño y construcción de esta ciudad. Los arquitectos se prestan para ella, las curadurías la facilitan, las normas son ambiguas y Planeación no cuenta con instrumentos para impedirla. Y ahora el Alcalde ha caído en la trampa de que Cali “necesita” un puente de Calatrava, cuya arquitectura espectáculo, promovida por los que aun creen en el “efecto Bilbao” o esperan algún contrato, ya nadie la quiere por tramposa y costosa. El se quedó sin encargos y está demandado por «daños al erario” y errores en “su” puente sobre el Gran Canal, cuya justificación por políticos corruptos era que hasta Venecia, pese a la protesta de sus ciudadanos, tenía que tener un Calatrava (<ayuda-boletin@arq.com.mx>). Y en Valencia, aunque es de allí, no lo pueden ni ver, pues allá ya reconocen que se les acabo la fiesta (http://www.youtube.com/watch?v=ywG0roauqn8).
         Desde el puente de El Alamillo en Sevilla, cuya aparente novedad lo llevó a la fama, su arquitectura resultó tramposa. Su mástil es hueco y no macizo como estaba diseñado pues las normas lo impidieron,  y su costo fue muy superior al de un puente colgante común (J. Martínez Calzón, Ingeniería y Territorio Nº 81, 2008), y el puente peatonal giratorio de Puerto Madero en Buenos Aires (dizque una pareja bailando tango),  fabricado en España por supuesto, poco se abre pues por ahí casi no pasan embarcaciones. Pero lo mas grave, como lo dijo Jaime Sarmiento hace un lustro (La arquitectura de moda, 2006), y  también fue mencionado en esta columna, es que mientras los espectáculos pasan los edificios quedan. Como la moda, cambian con cada temporada y muchos se proyectan mas para ser publicados que para ser habitados. “La arquitectura ha dejado de ser un bien y se ha convertido en una mercancía [y] los edificios se han convertido en objetos […] arropados con vestimentas llamativas, en los que lo importante es la envoltura, y no lo que contienen en su interior” concluye.
Ahora, dice él, se habla de un “Nouvel”, un “Ghery” o un “Calatrava” como de un BMW  o un Mercedes. “Actualidad” que aquí imitamos y premiamos en concursos y bienales por sus tramposas imágenes, pero que después no vemos en su casi siempre triste y prematura vejez. Y solo se habla de los arquitectos que se autopromocionan como de moda, pero casi nada se dice seriamente de la arquitectura que en realidad necesitamos. Además, como concluyó un articulo de Semana sobre el tema (22/09/2008 ), “varios de esos proyectos se han venido deteriorando con el tiempo, han quedado inconclusos o no cumplen a cabalidad sus propósitos porque están en continua reparación”. El hecho lamentable es que nos preocupamos mas por sus imágenes de penúltima moda y los premios que por la realidad de las ciudades y edificios en los que tenemos que vivir, o los puentes que de verdad necesitamos para destrabar el trafico en Cali. Con dos monumentales cerros ¿necesitamos disfrazar de monumento un puente en lugar de rescatar su río? En definitiva, somos la civilización del espectáculo que dice Vargas Llosa.

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