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Violencia urbana. 12.01.2012


En 2011 se contabilizaron en Cali cerca de seis asesinatos diarios, mas que en 2010 (El País, 04/02/2012), la mitad atribuidos a venganzas e intolerancia, y que por lo tanto implican cientos de peleas y agresiones que no se miden pues no culminaron con la muerte de alguien. Tampoco se habla de la relación de la ciudad, en tanto artefacto, con el comportamiento de los ciudadanos en sus espacios y edificios tanto públicos como privados, ni de la “violencia urbana” que implica su muy corta y reciente vida en ellas. El problema, pues, no sólo es  desarmar a la gente, casi imposible con las armas blancas, ni de tener mas policía, sino que también hay enseñarle a los ciudadanos como comportarse en la ciudad, y entender que su calidad urbano arquitectónica es un factor determinante en su comportamiento.
            En Colombia los análisis sobre la violencia usualmente apenas consideran los problemas socio económicos y si acaso el origen geográfico de los habitantes pero no la mala calidad de sus nuevos entornos urbanos. Sin embargo, y ateniéndonos a estudios hechos en otras partes, es fácilmente entendible que en las ciudades la densidad habitacional, la altura de los edificios, el diseño de las calles, plazas y parques y la diferente animación en ellos, y por supuesto el diseño de las viviendas mismas, tiene mucho que ver. Es algo que hay que analizar integralmente, y como dice un lector de esta columna “El problema del desplazamiento y de la inmigración hacia la ciudad es un problema nacional y es ahí donde debemos ser solidarios y es ahí donde debiera manifestarse el significado de democracia, de oportunidades.”
            Pero precisamente la democracia es producto de las ciudades y no al revés, lo que debería hacer ver la importancia del diseño correcto del espacio urbano y de la educación ciudadana en relación con el comportamiento de la gente en ellas. Es decir, contar con  diseños urbano arquitectónicos que no lleven a carencias extremas de privacidad que llevan a disputas entre vecinos que se convierten en peleas que terminan en parte de los asesinatos que llenan las paginas de los periódicos cada día. Hay que preguntarse en donde y por que se originaron, y no apenas en donde ocurrieron. Igualmente, hay que entender que una ciudad sin andenes anchos, llanos, sencillos, continuos y arborizados, por los que se pueda caminar en paz, no solo facilita la delincuencia si no que lleva a la falta de respeto por los demás.
            Como se insiste periódicamente en esta columna,  en Colombia cerca del 80% de sus habitantes  ya vivimos en las ciudades y casi todo pasa en ellas, incluyendo los asesinatos. De ahí la gran importancia  del artefacto urbano arquitectónico, constituido por edificios y espacios urbanos en los que cada vez mas tienen que ver los arquitectos en su diseño y construcción. Por eso la practica de la arquitectura, su reglamentación y control y su enseñanza son cruciales para las ciudades, y para los que pretenden manejarlas proponiendo cosas que no pueden cumplir por que no las ven integralmente en el espacio y como procesos en el tiempo. No solo hay que quitarles las armas a los asesinos, si no hay que eliminar las causas de que lo sean, pero no apenas las socio económicas sino también las puramente urbanas.


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