Hace 50 años este era un país rural; ahora, ya urbano, aun no es moderno. No alcanzó a tener grandes ciudades cuando ya las estábamos destruyendo con una concepción simplista de la modernidad. Mas que urbanizarlas se las ruralizó -como advirtió Ramiro Cardona hacia 1965-, sin dar tiempo para la formación de una cultura ciudadana amplia y sólida. Su rapidísimo crecimiento desbordó su planificación y mejora, fenómeno recurrente en el tercer mundo. Y la imposición casi siempre de apenas una imagen de modernidad no solo deterioro los centros históricos de las ciudades sino también los pueblos. Telecom, la Caja Agraria y el puesto de Policía, emblemáticos desatinos de la nación, estropearon sistemáticamente su belleza sencilla, al punto de que "la presencia del Estado" fue casi tan nefasta como su ausencia. En 1930 ya había arquitectura moderna en Cali pero tan ecléctica como la moderno-historicista inmediatamente anterior pues sus f...